11
Abr
16

Diálogo y acuerdo para un gobierno para la gente

Artículo de opinión publicado en Noticias Obreras. Abril 2016. Javier Madrazo Lavín

Vivimos tiempos difíciles, marcados por la confrontación y el desencuentro, en un momento delicado, en el que la impotencia y la desesperanza condicionan el día a día de millones de personas sin empleo, con trabajos precarios e inestables y pocas o ninguna esperanza de mejora en el corto y medio plazo.La indignación provocada por la recesión económica y la pésima gestión de sus consecuencias, que se traduce en el empobrecimiento de una parte importante de la población, no ha sido suficiente para favorecer un cambio de gobierno ni tampoco de política. Nos encontramos ante una situación de bloqueo político generado por la incapacidad de los principales partidos para llegar a acuerdos amplios que desatasquen la situación en orden a la conformación de un nuevo ejecutivo. 

Fueron muchas las personas que el pasado 20 de Mayo acudieron a las urnas para dar su voto a un tiempo nuevo, en el que las sensibilidades en favor del cambio tuvieran la fuerza suficiente para conformar un gobierno con una clara agenda social, que priorizara las necesidades de las personas sobre las imposiciones de quienes ejercen el auténtico poder desde los inicios de la transición.

Lamentablemente, las expectativas e ilusiones de mucha gente no se han cumplido. El PSOE en lugar de establecer el eje del acuerdo en la Izquierda ( Podemos, Compromís e Izquierda Unida ) buscando la abstención de Ciudadanos, ha hecho lo contrario. En la elección del partido de Albert Rivera como socio principal , que no deja de representar a la derecha( aunque más moderna) ,han pesado mucho las líneas rojas que el Comité Federal estableció al candidato socialista , dejándole las manos atadas , al limitarle enormemente su margen de maniobra en la negociación . Tras la investidura fallida los dos partidos mantienen el acuerdo, hasta tal punto, que los diálogos con otras fuerzas los quieren realizarlos de forma conjunta.  

Desde Podemos están pidiendo a Pedro Sánchez que reflexione, se libere de la presión de la vieja guardia, y abra un diálogo sincero con aquellas formaciones que tienen capacidad para liderar una auténtica renovación y regeneración en España. Sin embargo, tras el debate en el Congreso para el nombramiento del Presidente del Gobierno el 2 de Marzo , los puentes entre el PSOE y Podemos ,han quedado muy deteriorados por las descalificaciones y exabruptos mutuos.

El partido de Pablo Iglesias no ha acabado de digerir que no haya sido el suyo el elegido como aliado de cara a la conformación de un gobierno de cambio. La formación morada tendrá que hacer una autocrítica por los errores cometidos tras las elecciones del 20D. Errores de talante (excesiva arrogancia) y de estrategia, al presentar la petición de cargos(vicepresidencia y ministerios) antes que las propuestas programáticas. Todo ello ha fortalecido las posiciones de los que dentro del Partido Socialista no querían un pacto entre las fuerzas progresistas.

De hecho hay voces cualificadas (Carlos Jiménez Villarejo o Manuela Carmena) que están pidiendo la abstención de Podemos para evitar la celebración de nuevas elecciones y para desalojar al PP del gobierno. Dicen estas voces que es mejor condicionar e influir en el gobierno PSOE-Ciudadanos ,en todos los aspectos regresivos del acuerdo (reforma laboral,SMI,TTIP,fiscalidad,modelo territorial…) ,que ir a unas nuevas elecciones que pudieran acercar la mayoría absoluta a la derecha PP-Ciudadanos y dar la presidencia del gobierno a un candidato del PP que con mucha probabilidad no sería Mariano Rajoy. Máxime cuando no está claro, a la vista de diferentes encuestas, que Podemos lograra el sorpasso (adelantamiento al PSOE) en las próximas elecciones y que pudiera mantener las alianzas(con la consiguiente merma de diputad@s) con Compromís, En Marea y En Comú Podem a la vista del intento de estas fuerzas de independizarse y constituirse en partido instrumental de cara a formar grupos parlamentarios separados.

Lo que no parece viable es que fructifique antes de una nueva cita con las urnas la gran coalición (PP-PSOE-Ciudadanos) que está defendiendo el partido de Mariano Rajoy. Un partido totalmente deslegitimado por la corrupción institucionalizada , la sumisión al FMI y al Banco Central Europeo y la política de recortes que nos han conducido a esta situación de paro, precariedad y empobrecimiento. La derecha no puede ser la solución a los problemas a los que nos enfrentamos. Estamos donde estamos por las decisiones que han tomado desde su llegada a la Moncloa en 2012.

La mayoría de la sociedad que quiere acabar con el austericídio y que aspira a contar con unos gobernantes al servicio de su pueblo y no de las élites económicas, desearía que se retomaran las conversaciones suspendidas en el ámbito de la izquierda. Es cierto que la confianza está resquebrajada y el primer paso debe ser restablecerla. Sin duda, todos los actores concernidos son responsables de que esta pretensión llegue a buen puerto. Pero la mayor dificultad se encuentra en todas esas voces( muy influyentes) que dentro PSOE rechazan un acercamiento a Podemos, Compromís e IU. Superar esta oposición interna no parece ser, sin embargo, una prioridad para Pedro Sánchez, preocupado por su propia supervivencia como Secretario General y candidato a la Presidencia. Mientras esta situación se mantenga parece poco probable un gobierno de progreso en España.

Ojala finalmente se impongan la razón y la cordura, y no nos veamos en la obligación de acudir a las urnas otra vez en Junio. Ello representaría la incapacidad de los principales partidos de anteponer el interés general a los intereses partidistas.

Estamos perdiendo un tiempo precioso para enmendar todos los atropellos cometidos por el actual gobierno y sería muy decepcionante llegar a la conclusión de que nos hemos encontrado durante estos meses ante una mera escenificación para posicionarse ante una inminente campaña electoral. La ciudadanía asiste perpleja a un espectáculo poco edificante y nada constructivo, que muchas personas perciben con desazón como un vodevil. Corremos, de hecho, el riesgo de una desafección creciente respecto a la política y a quienes la representan. Un error grave que lesiona la democracia y lastra nuestro futuro.

El PSOE debe aprender a escuchar más a sus votantes, debe mirar más a su izquierda que a su derecha y debe, igualmente, repensar su estrategia en relación con Cataluña y Euskadi. Hoy más que nunca resulta imprescindible situar a las personas en el centro de la acción pública y habilitar cauces de participación para que las decisiones no sean patrimonio de unas élites minoritarias. En España no hace falta una segunda transición, hace falta un nuevo proceso constituyente que regenere, repiense y transforme nuestro sistema político donde la prioridad sea la superación de las desigualdades e injusticias. A esta apasionante tarea están llamadas no sólo las fuerzas políticas sino el conjunto de la sociedad. Una sociedad cada vez más consciente y participativa en la que residen las esperanzas en un futuro mejor y que ha demostrado, en muchas ocasiones, más madurez que sus representantes políticos.

 

13
Feb
16

ALGO TENDRA QUE CAMBIAR PARA QUE NADA CAMBIE

Artículo de opinión publicado en EL CORREO. Febrero 2016

Javier Madrazo

Vivimos tiempos difíciles, marcados por la esperanza y la decepción. Somos muchas, en España, las personas que ansiamos un cambio real del modelo político, económico, social y medioambiental. Y ahora, por primera vez desde la transición, hemos tenido la sensación, que no la convicción, de que podríamos encontrarnos en la antesala de un tiempo nuevo, marcado por el fin del bipartidismo y la superación de las desigualdades e injusticias derivadas de la imposición de una política neoliberal, al servicio del poder financiero y los intereses de las grandes empresas.
La crisis económica que arrastramos desde 2008 nos ha obligado a tomar conciencia plena de nuestra propia vulnerabilidad ante un sistema sin alma, que ha condenado a millones de personas al desempleo y al empobrecimiento, sin más culpa que querer trabajar y mejorar su calidad de vida. La clase trabajadora, así como la llamada clase media, se ha sentido, profundamente agredida , en la medida en que sus sueños y ambiciones han chocado de frente con la realidad del desempleo, la pérdida de poder adquisitivo y el hecho cierto de que sus hijas e hijos se enfrentan a un futuro tan desolador como incierto.

Este sentimiento de frustración e impotencia, cuando no de ansiedad, motivada por la inseguridad, está en el origen de un mayor interés por la política y un espíritu más crítico hacia sus representantes. La corrupción institucionalizada, que afecta a la monarquía, grandes partidos y gobiernos, ha desbordado las previsiones más pesimistas y ha puesto de manifiesto la hipocresía de quienes pidieron nuestra confianza para después robarnos la cartera, en la creencia de que eran impunes porque la justicia, al fin y al cabo, estaba de su lado.

En este contexto, las elecciones del pasado 20 de diciembre generaron una gran expectativa, que parecía anticipar un nuevo ciclo, más sensible a las necesidades de la ciudadanía y más alejado de los dictados del Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo. Hoy, cuando ha transcurrido poco más de un mes de esa fecha, que pensamos podría ser histórica, la ilusión ha ido dejando paso al desencanto. Los protagonistas de la acción política, todos hombres, por cierto, están demostrando una incapacidad manifiesta para gestionar un país y, sobre todo, para responder a las aspiraciones de la sociedad, que les ha votado.

Escenifican una obra de teatro, en la que las estrategias de comunicación tienen más valor que los programas y las demandas ciudadanas. Mariano Rajoy quiere perpetuarse en el poder para apuntalar su política económica al servicio de la Troika, Pedro Sánchez sabe que o es presidente o sus días en la secretaria general del PSOE están contados, Pablo Iglesias solo piensa en el sorpasso y en ser el único líder de la izquierda, y a Albert Rivera le basta con sentirse imprescindible, aunque sepa que no lo es.

Mientras tanto, los responsables de la crisis financiera, primero, y los recortes, después, alertan del riesgo inminente de que las inversiones abandonarán España, la supuesta recuperación se paralizará y el pretendido crecimiento económico dará paso a una nueva recesión. Las corporaciones del Ibex 35 utilizan todas sus influencias para hacer posible un gobierno PP-Ciudadanos, con la abstención del PSOE, y el presidente del BBVA lanza un aviso a navegantes, al advertir que mucho cuidado con las utopías.

La Unión Europa incide en esta misma línea con el único objetivo de impedir que en España se pueda formar un ejecutivo de progreso. Su argumento principal es la posible participación, en esta mayoría , de formaciones que defienden la independencia de Catalunya e incluso el derecho de autodeterminación. Sin embargo, lo que más les preocupa, es perder su capacidad de influencia y presión sobre unas instituciones, que se han acostumbrado a dirigir en la sombra, en defensa de sus beneficios e intereses. Poco importa que se pervierta así el concepto de democracia, y que la voluntad de la ciudadanía carezca de valor. Un pésimo ejemplo, que aleja a las personas mas jóvenes de la política y quienes la representan.

La estrategia del miedo, que apela a la estabilidad como garantía de desarrollo y prosperidad, suma cada día, más voces y presiones para lograr su objetivo: un ejecutivo dócil, que no cuestione el

establishment, rinda pleitesía a la banca y a las grandes corporaciones, aplauda la vigencia de la monarquía y niegue el debate legítimo sobre el derecho a decidir. Lamentablemente, tienen muchas opciones de ganar una vez más. La política y quienes la ejercen, sean viejas o nuevas siglas, no terminan de asumir que deben actuar con transparencia, honestidad y verdad, consolidando una comunidad más justa y equilibrada desde el punto de vista económico, social y medioambiental.

Sin embargo, los acontecimientos y movimientos que estamos conociendo no invitan al optimismo. La sensación que ahora mismo tenemos muchas personas en España es la misma que impregna la obra El Gatopardo de Giuseppe de Lampedusa, llevada al cine por Luchinno Visconti en 1963:”Algo tendrá que cambiar para que nada cambie”.

15
Ene
16

Pensar en un futuro mejor

Artículo de opinión publicado en Noticias Obreras. Enero 2016.

Las elecciones generales han demostrado, una vez más, que en España terminan por imponerse las prácticas y políticas más centristas, siempre cómplices con los dictados de la derecha económica, mientras que los discursos y debates recurren al viejo truco de las descalificaciones y el marketing, ideados por profesionales de la comunicación, para ocultar la falta de ideas y propuestas que mejoren de verdad la vida de las personas. Constatar este hecho resulta, cuando menos, descorazonador. Tras más de ocho años largos de crisis, con consecuencias dramáticas para una mayoría significativa de la ciudadanía, el fin del bipartidismo es en sí mismo una buena noticia, pero sería mucho mejor si viniera acompañado de un programa de gobierno, que apele a la rebeldía y defienda una nueva democracia, real y participativa; promueva la justicia social; garantice los servicios públicos; impulse una renta de garantía de ingresos universal para hacer frente al empobrecimiento y plante cara al poder económico y empresarial, exigiéndole contratos estables, salarios dignos y una fiscalidad acorde a sus beneficios, sin exenciones arbitrarias ni privilegios. No aparece que el futuro apunte en esta dirección. Escribo estas líneas cuando faltan tres días para la cita con las urnas y todo parece indicar que más allá de quien gane o con qué porcentaje, se impondrá el pacto entre quienes en campaña se han declarado diferentes, pero después, sin embargo, son más iguales de lo que jamás reconocerán.

No necesitamos gobiernos que sean correa de transmisión del poder económico y financiero, que tanto daño nos ha hecho y aún pueden hacernos mucho más. España no necesita una mera alternancia; necesita una verdadera transformación, de la mano de un gobierno que sitúe por encima de todo, a las personas y sus necesidades. Justo lo contrario de lo que hizo el gobierno del PP que apostó por representar y defender el orden ( sistema ) actual y por cumplir ciegamente las órdenes que llegaban de la Unión Europea, el Banco Central y el Fondo Monetario Internacional ,aunque estas fueran contrarias a los intereses de la población, sobre todo de la más desfavorecida.  

Es imprescindible plantar cara a quienes ostentan el verdadero poder, aquellos que no se presentan a las elecciones , y que muchas veces se comportan como una verdadera mafia, que amenaza, chantajea y deja caer a los más débiles a un pozo negro, del que escapar es un milagro. 

Es una incógnita el papel que desempeñará Ciudadanos y la gestión que harán del importante capital político acumulado. Habrá que ver si a la hora de la verdad se alinearán con las políticas de la derecha y de apuntalamiento del sistema, o si verdaderamente darán un impulso a la necesaria regeneración de la Democracia y las instituciones del Estado de Derecho. 

Así mismo, queda por ver si el PSOE emprende un nuevo rumbo en su trayectoria, desarrollando un verdadero giro a la izquierda, o si por el contrario sigue sin romper el cordón umbilical con el llamado felipismo y las políticas neoliberales. Si no es así, correrá el riesgo de caer en la irrelevancia y de ser sustituido por los llamados partidos emergentes.

Podemos , bajo el impulso del 15M , ha traído consigo la ilusión y ha alimentado el sueño de un mundo mejor en el que creen y por el que luchan tantísimas personas. Debemos reconocer como gran conquista de la fuerza morada, la capacidad de haber modificado la agenda política general, al incorporar al debate político preocupaciones y demandas ciudadanas que han alterado los discursos y las apuestas del conjunto de organizaciones políticas. Sin embargo, su obsesión por arañar votos, les ha conducido a una cierta ambigüedad ideológica y a una excesiva mirada, especialmente en algunas materias, al centro político, un carril más seguro por el que circular, pero también por el que hay que pagar un alto peaje : el de la renuncia a mchos ideales en pro del pragmatismo. 

Nos encontramos en un momento político muy esperanzador, con una superación del bipartidismo y de las mayorías absolutas, que requerirán de mucho diálogo y acuerdos trasversales, en orden a lograr consensos que garanticen la gobernabilidad y la toma de decisiones. La necesidad de establecer contrapesos redundará en beneficio de las clases populares, y del freno al uso y el abuso de las instituciones, en favor de intereses personales o partidistas.

Resulta frustrante comprobar cómo, en muchas ocasiones, se apela a conceptos positivos como pluralidad y estabilidad, con la finalidad de legitimar acuerdos sin contenidos y sin más hoja de ruta que distribuir ministerios y parcelas de poder. Hemos recuperado, en cierta medida, el interés por la política; ahora nos queda recuperar la confianza en ella. Y ésta sólo llegará con hechos. La recuperación económica, tantas veces proclamada y tantas otras negada por la realidad , sólo será creíble cuando venga acompañada de puestos de trabajo estables y con derechos laborales reconocidos, y políticas sociales que hagan frente al empobrecimiento, que hoy se extiende como una lacra incluso entre la clase media. Es urgente, entre otras muchas cosas,el blindaje constitucional de derechos sociales básicos; el fin de las puertas giratorias, de la pobreza energética o de los desahucios; garantizar de un modo efectivo la independencia judicial; así como reformas estructurales :modificación de la injusta ley electoral o revisión de la estructura territorial del estado( derecho a decidir, sistema de financiación, clarificación competencial…).

Quienes tienen en sus manos los votos necesarios para liderar la revolución democrática, que muchas personas esperan, deben ponerse las pilas sin dilación. Ha llegado el momento de revisar las bases y el modelo que surgió de la primera transición, que nos ha conducido a una democracia de baja intensidad , al dar la espalda a la voluntad ciudadana, y que hoy muestra claros síntomas de agotamiento , con la corrupción como un exponente claro de la propia degradación del sistema institucional y político. Esta enfermedad no se curará sólo con paños calientes. Necesita bisturí. El tiempo apremia. Quién o quiénes gobernarán es importante, pero también lo es el rol de que quiénes ejerzan la oposición. Es de esperar que no se dejen cautivar por los muros del Congreso que les aislarían de las calles, y no sucumban a los debates de guante blanco de la tribuna de oradores. El centro es cómodo y seguro, pero la revolución democrática requiere de riesgo y valentía. Ojalá triunfe ésta última, más pronto que tarde. Movilicémonos y asumamos nuestra responsabilidad. El futuro depende de todas y todos. 

Javier Madrazo

08
Dic
15

EL CENTRO NO EXISTE.

Artículo de Opinión. Javier Madrazo
La celebración de generales el próximo 20 de Diciembre ha contribuido, una vez más, a poner blanco sobre negro un déficit democrático en España, que evidencia la incapacidad de las formaciones políticas para presentarse ante la ciudadanía con programas reales que tengan la voluntad de cumplir y un posicionamiento ideológico firme. 

Desde el mismo día en el que el presidente del Gobierno anunció la fecha de los comicios generales, los cuatros partidos políticos con mayores opciones —PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos— se han lanzado a ocupar un mismo espacio, el centro, en la convicción de que sólo así lograrán sumar más votos y situarse como opción preferida por un mayor número de personas. 

Consultores y estrategas coinciden en afirmar que las elecciones se ganan desde el centro, y puede que tengan razón. Argumentan que aproximadamente el 40 por ciento de la sociedad formaría parte de este amplio colectivo, integrado por más mujeres que hombres, con un nivel formativo medio-alto, un tramo de edad situado entre los 35 y los 55 años, y mayoritariamente con empleo, aunque no siempre estable y bien remunerado. Son personas que se sienten alejadas de las posiciones de extrema izquierda y extrema derecha, que cuando tienen que definirse, en una escala de 0 a 10, apuestan por el 5, el 4 o el 6. Concretamente, según el CIS, en este espectro ideológico estaría representado el 41 por ciento de la población. 

Así se explica que el PP se defina como centro derecha, el PSOE como centro izquierda, Ciudadanos como centro-centro y Podemos esté intentando acercarse tanto al centro, que ha terminado por alejarse de sus orígenes, abandonando los círculos y el debate participativo, que tanta ilusión generaron hace ahora exactamente un año. Estas cuatros formaciones políticas, que hacen grandes esfuerzos día a día para diferenciarse unas de las otras en sus comparecencias públicas ante los medios de comunicación, después, en la práctica, modulan sus discursos para convencer a las mismas personas, empleando para ello argumentos similares, en los que sólo caben ligeros matices.  
Las ideologías se alejan de los orígenes 
Sin duda alguna, nos adentramos de este modo en un círculo vicioso, en el que las ideologías o mueren o se debilitan hasta perder su razón de ser. Nunca como ahora las ideas y posiciones claras y firmes han sido más necesarias. Ser de centro es legítimo, como lo es sentirse de derechas, pero ser de izquierdas y reconocerlo debería ser, además, un motivo de orgullo, máxime cuando el empobrecimiento de la ciudadanía, la privatización de servicios públicos como la educación y la sanidad, o las altas cota de desempleo desmoronan cualquier atisbo de recuperación creíble, más allá de cifras macroeconómicas sin ninguna incidencia en la vida de las personas.  
Todo ello sin mencionar la corrupción o el deterioro de un sistema que se llama democrático, pero niega la voz a las minorías y se muestra incapaz de escuchar las demandas de la sociedad. La campaña electoral constituye una buena oportunidad para exigir a las formaciones políticas que actúen con honradez y transparencia. Debemos instarles a que nos cuenten la verdad y pedirles que asuman sus compromisos por escrito y públicamente. No podemos resignarnos a líderes y mensajes prefabricados, que sólo quieren arañar votos, vengan de donde vengan, para que después gobiernen como quieran y con quien quieran. El centro sólo es una metáfora para justificar decisiones que imponen el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y la Unión Europea de Angela Merkel. Que no nos engañen. 
Podemos debería ser plenamente consciente de ello y no sumarse a una estrategia que le aleja de la nueva política, que aspiran a capitalizar, y le acerca, por el contrario, a todo aquello que habían denunciado hasta que la carrera por el poder se convirtió en su hoja de ruta prioritaria. La formación liderada por Pablo Iglesias ha dado por buenas medidas que lesionan la democracia y la participación política, como es la exclusión de Izquierda Unida de los debates electorales. Debo reconocer que me esta decisión me ha decepcionado más incluso que su presencia en la mesa convocada por el Gobierno de Mariano Rajoy para defender el llamado pacto antiterrorista contra el yihadismo, suscrito tras los terribles atentados perpetrados en París.  
Es posible que esté equivocado y todo valga para ganar puntos en las encuestas y votos en las urnas; es posible también que me haya quedado anclado en el pasado y crea aún en las ideologías, aunque unos y otros se esfuercen por darlas por enterradas. No me gustan quienes se protegen bajo el paraguas del centro porque al final dan todo lo malo por bueno o, cuando menos, por necesario. Las élites políticas son las que más cómodas se sienten en este escenario. Saben que no se cuestionan los cimientos del modelo que urdieron en la transición. La campaña electoral pondrá, en evidencia, una vez más, que las ideas se supeditan a los mensajes, que éstos sólo buscan titulares, y los candidatos a presidente, todos hombres, por cierto, intentan convencernos de que en el centro está la verdad. 

21
Oct
15

OPORTUNIDAD PERDIDA

Cuando no encontramos en puertas de una nueva campaña electoral el panorama en el ámbito de la izquierda alternativa no puede ser más desalentador. Las elecciones municipales marcaron cuál debe ser el camino a seguir para que la izquierda transformadora obtenga el respaldo ciudadano y pueda aspirar a ser hegemónica o, al menos, condicionar la acción política. Para alcanzar este objetivo sólo hay un camino: la unidad. Así se han logrado mayorías de gobierno en ciudades emblemáticas como Madrid o Barcelona, por citar los dos ejemplos más representativos.
El 20 de diciembre la situación será muy distinta. Los intereses partidistas y el afán de protagonismo han frustrado la ilusión de quienes confiaban en un acuerdo entre todas las sensibilidades de izquierda. Podemos, como fuerza principal en este ámbito, es quien más responsabilidad tenía a la hora de de pilotar una verdadera unidad popular que representara a una mayoría social, que reivindica un gobierno al servicio de la ciudadanía y no de la troika y los poderes económicos. Lamentablemente, en esta ocasión, Pablo Iglesias y su organización no han actuado con la generosidad que la situación requería.
Han pretendido imponer como paraguas común una marca que, a tenor de las encuestas, no está logrando el apoyo que sus dirigentes daban por seguro hace menos de un año. Podemos enarbola la bandera del cambio y tienen razones para ello, pero no deberían olvidar que en el Estado hay otras sensibilidades de la izquierda que también defienden su espacio y no buscan cobijo bajo las siglas y el programa de la formación morada. Bien por su apuesta por captar el voto de centro, bien por su estructura vertical o bien por no reconocer la pluralidad en el campo de la izquierda. Han pasado de querer ganar las elecciones a conformarse con reemplazar a IU en el campo de la izquierda.

La historia de la izquierda no ha comenzado hace dos años. Hay una larga tradición de lucha por las libertades y por los derechos democráticos y sociales. En el franquismo y en el período democrático. Son muchas las personas que han dedicado todo su esfuerzo, en barrios, fábricas o universidades, con gran sacrificio, a conquistar mayores cotas de justicia y bienestar. En este sentido, resulta inexplicable el maltrato al que ha sometido Podemos a Izquierda Unida, del mismo modo que resulta incomprensible la sumisión que ha demostrado Alberto Garzón ante una larga cadena de desplantes , desaires y hasta insultos.

Izquierda Unida ha puesto en marcha Ahora en Común, pensando que al ocultar la referencia explícita a la izquierda iba a ser mejor aceptado por Podemos. Al final se han rendido a la evidencia. Podemos no les quiere ni les reconoce como interlocutor. Tienen una papeleta difícil porque defienden una Unidad Popular poco creíble, dado que en su seno sólo han quedado el PCE y voces independientes de carácter testimonial. Se ha eliminado, en un ejercicio de gran sectarismo, la pluralidad interna que en su día fue una seña de identidad, que llevó a Izquierda Unida, principalmente en la etapa Anguita, a ser una fuerza fundamental en la escena política. De hecho, en estos momentos hay mucha izquierda fuera de IU.

El anuncio de la ruptura del proceso negociador entre Podemos e Izquierda Unida ha caído como un jarro de agua fría entre quienes confiaban en que el interés social finalmente se impondría. La ciudadanía esperaba que estas organizaciones demostraran capacidad y vocación de acuerdo. España necesita una opción electoral que represente el sentir de una parte importante de la población, que ha recuperado el interés por la política como respuesta a los recortes sociales, la corrupción y los déficits democráticos de un modelo de desarrollo incapaz de garantizar la igualdad y los derechos básicos de las personas.

Una vez más, estamos ante una oportunidad perdida, que Partido Popular, PSOE y Ciudadanos rentabilizarán en las urnas y en los pactos posteriores que conformarán mayorías de gobierno de centro derecha, sometidas a los dictados de la Unión Europea, el Banco Central y el Fondo Monetario Internacional. No es mi intención buscar culpables. Se trata, sin duda alguna, de un error colectivo, en el que también hemos fallado quienes no hemos sabido o no hemos podido emplazar con éxito a Podemos, Izquierda Unida y al resto de las Izquierdas a ratificar un entendimiento en el que creemos firmemente.

En Euskadi el panorama no es más alentador. A partir del manifiesto impulsado por un grupo de profesores de la UPV parecía albergarse una esperanza de confluencia entre la izquierda independentista y la izquierda federalista. Ha faltado audacia y valentía para superar las inercias de muchos años de distanciamiento. Afortunadamente la izquierda abertzale empieza a asumir sus límites y a entender que hay gentes de izquierda que no comparten sus postulados. El acercamiento, desde el respeto a las identidades plurales, resulta clave. Hasta la fecha su única alianza pasaba por incorporarse a sus filas, asumiendo su propio ideario.

Una alternativa unitaria y plural en el seno de la izquierda vasca concitaría ilusión y movilizaría adhesiones ciudadanas. En Euskadi, al igual que en otras Comunidades, también es posible superar al establishment, que representan PNV-PSE-PP. Estas tres fuerzas se alían para conformar o sostener gobiernos de perfil plano, que priorizan el mantenimiento del poder como única hoja de ruta. Jamás ofrecen propuestas que puedan poner en riesgo el status quo dominante, político y económico. La ciudadanía progresista, consciente de esta realidad, exige una unidad popular real, con un programa compartido que le permita recuperar su protagonismo y liderar el futuro que desea para los próximos treinta años. 

Javier Madrazo Lavín

Bilbao, a 13 de Octubre de 2015

02
Ago
15

NO FRUSTREMOS LOS SUEÑOS Y ESPERANZAS

Las elecciones municipales y forales, así como los comicios autonómicos en aquellas Comunidades en las que se han celebrado, han puesto en evidencia la necesidad de alcanzar pactos para poder conformar gobiernos. Sin duda alguna, una buena noticia para la democracia, en la medida en la que la necesidad de entenderse obliga a dialogar y a acordar entre diferentes. La irrupción de nuevas formaciones políticas, que han contribuido a erosionar el bipartidismos, se erigen así en protagonistas de la vida pública, con capacidad para condicionar la acción de las instituciones. Es razonable deducir que esta situación tendrá un impacto positivo en la regeneración de la democracia y ojalá en la vida de las personas, especialmente en las más vulnerables, que se han visto castigadas por la crisis económica y la gestión de la misma por parte del Partido Popular.
Resulta esperanzador escuchar a Manuela Carmena, Ada Colau o Jordi Ribó, cuyos discursos logran emocionar a quienes creemos que la política sólo cobra sentido cuando responde a las necesidades de la ciudadanía y no a los intereses de los poderes establecidos. Se abre un camino alternativo, que muchas y muchos intentarán boicotear una y otra vez, porque son conscientes de que constituyen una amenaza para un sistema que creían inalterable. Los pactos entre diferentes son importantes, pero mucho más lo son propuestas como las que representan, por referirse a las principales ciudades, Carmena, Colau o Ribó en Madrid , Barcelona o Valencia . En primer lugar, porque nacen de la voluntad y no de la necesidad. No nos engañemos.Muchos de quienes hoy elogian los acuerdos como expresión de pluralidad añoran las mayorías absolutas que perdieron o los tiempos en los que las ententes se basaban en un reparto de cuotas de poder y no en programas o ideas.

Por ello, es preciso apostar por acciones de unidad popular, que sumen voces de los movimientos sociales y asociativos, aglutinen a personas comprometidas, más allá de las siglas y los corsés de los partidos, y sean expresión de la voluntad ciudadana, que en los últimos ocho años ha denunciado en las calles los abusos del Partido Popular y las políticas de recortes, iniciadas, no lo olvidemos, por Rodríguez Zapatero. Es clave que este modo de entender la acción pública, empoderando a las personas sobre el capital, sea mucho más fuerte de lo que es en la actualidad y ejerza el liderazgo que le corresponde, de modo que tengan el peso suficiente para consolidar las políticas de rescate ciudadano y evitar , lo que muchas veces ha sucedido, que el PSOE una vez alcanzado los gobiernos, ceda ante la presión de los lobbies y poderes económicos . No se puede defraudar en modo alguno, las esperanzas y expectativas generadas en tanta gente. Hay que tener altura de miras para primar el interés general sobre las estrategias particulares, generando ilusión y confianza.

Sabemos que no es fácil, aunque debemos pensar que el sentido común terminará por imponerse. Las experiencias de Madrid, Barcelona o Valencia, por poner sólo tres ejemplos, constituyen un aliciente para avanzar en esta dirección, que conecta con las aspiraciones de la ciudadanía. Sus primeras decisiones son esperanzadoras y demuestran cercanía, austeridad, sensibilidad social… que no ha sido común en quienes han gobernado desde la transición. La política recupera, por fin, el pulso de la calle y habla su mismo lenguaje, llenando de contenido conceptos y valores como ética, integridad, justicia social o corresponsabilidad en la toma de decisiones. No sobran compañeros de viaje en este recorrido. Pensar lo contrario significaría pecar de soberbia y no es el momento para ello. Las elecciones generales marcarán un antes y un después. Son la auténtica prueba de fuego. Ojalá sepamos aprovechar esta oportunidad y no se frustren los sueños y esperanzas que hoy albergamos.    

07
Jul
15

Necesitamos una Syriza

Artículo de opinión publicado en el CORREO. Javier Madrazo Lavín

El 24M las candidaturas de verdadera confluencia, encabezadas por nuevos liderazgos (Manuela Carmena, Ada Colau…) han obtenido unos magníficos resultados ( mejores que las candidaturas de partido) que han materializado el cambio en las principales ciudades. Por ejemplo, Ahora Madrid al ayuntamiento ha obtenido el 31% de los votos y Podemos a la Comunidad Autónoma el 18%.El mensaje a extraer es claro. Cuando la izquierda se une, es más fuerte y genera ilusión en la ciudadanía. Y cuando no lo hace, favorece la consolidación del eje PP-PSOE-CIU. Lo que es evidente a los ojos de la gente parece difícil de entender por los estados mayores de los partidos. Siguen primando los intereses partidistas y la búsqueda de la hegemonía , sobre la conformación de alternativas sólidas y unitarias al servicio del rescate ciudadano y la regeneración democrática. Es decepcionante que no se aproveche desde la izquierda alternativa esta oportunidad histórica que se nos presenta, para afrontar la próxima cita electoral en las mejores condiciones para conseguir el triunfo en las urnas.

Inicialmente sucedió con IU que, antes de la europeas y ofuscada por las encuestas, rechazó el acuerdo con Podemos .Ahora sucede lo mismo con Podemos que, sabiéndose en posición de fuerza, rechaza el acuerdo con IU. Y además lo hace desde el desprecio, la arrogancia y la humillación . Es cierto que el aparato del PCE, quebrando la apuesta por la convergencia y la apertura que formuló en la década de los 80, y desde el sectarismo más absoluto, ha arruinado definitivamente el proyecto de IU, siendo las elecciones generales su estación final. Pero IU y sus bases se merecen un respeto y una consideración, porque hablamos de hombres y mujeres que llevan muchos años en la lucha por la mejora de las condiciones de vida de los trabajadores y las clases populares. Son inaceptables declaraciones como las realizadas por Pablo Iglesias (posteriormente matizadas) diciendo que los de IU eran “unos cenizos y unos tristes” , que “no han hecho nada en veinticinco años” o ” que se cuezan en su salsa y se queden con su bandera roja pero que nos dejen en paz”…

Me parece un gran error que Podemos haya querido imponer su sigla como paraguas electoral común. Con un 14% de los votos esta pretensión , además de injustificada(teniendo en cuenta que hay otras opciones de izquierda que son mayoritarias en Cataluña, Euskadi, Navarra, País Valencía, Baleares o Galicia ) arruina las posibilidades de acuerdos con el resto de organizaciones a las que no se les da otra opción que disolverse. Quién tiene más fuerza y liderazgo en el campo de la izquierda, es quien debe mostrar más generosidad, tolerancia y humildad para articular la Unidad Popular desde el respeto a las identidades plurales. Generosidad con los de fuera , pero también con los de dentro. Resulta sorprendente el sistema de primarias que ha puesto en marcha Podemos para elegir a sus candidaturas a las elecciones generales. Un sistema teóricamente de listas abiertas pero que a través del método de “lista plancha” dará como resultado que todas las personas elegidas sean del grupo oficialista, sin presencia alguna del resto de sensibilidades del partido. Además, en el afán por controlar de modo férreo el grupo parlamentario, lanzan un sistema de elección por circunscripción única que rompe con el principio de respeto a la plurinacionalidad del Estado. Ello dará como resultado la proliferación de los llamados “paracaidistas”(personas no arraigadas en los territorios). No es de extrañar el malestar y los pronunciamientos críticos contra este reglamento ( que bebe de lo peor de la vieja política) de muchos círculos y órganos de dirección .

Los últimos resultados ponen de manifiesto que la Izquierda puede ganar las elecciones y dar un giro radical a las políticas antisociales y austericidas impulsadas por el PP y el PSOE, que han colocado a nuestro país en una situación de emergencia social con unos niveles dramáticos de desempleo , precariedad y pobreza totalmente inaceptables .

Ni antes IU era la Syriza española ni ahora lo es Podemos. Al igual que en Grecia aquí también necesitamos una Syriza , es decir, una plataforma o frente común que acoja al conjunto de componentes de la izquierda transformadora, desde el respeto a sus trayectorias e identidades. Sin que nadie tenga que renunciar a lo que es, y sabiendo que el nexo de unión es el programa compartido. Esa sí sería una fuerza ganadora que estaría en condiciones, al igual que en Grecia, de plantar cara,a la tiranía de la banca, de los poderes económicos dominantes y a las instituciones que están a su servicio.

De lo contrario, si la Izquierda va desunida y fragmentada, estaremos condenados o bien a reeditar el gobierno del PP con el apoyo de Ciudadanos y la abstención de Convergencia, o a que el cambio lo protagonice el PSOE con el apoyo de Podemos ( que contará sin duda con un grupo fuerte pero a todas luces insuficiente para liderar el nuevo tiempo). Y el PSOE, a estas alturas lo sabemos muy bien, no es garantía de cambio por mucho maquillaje y lifting que se haga.




Quién soy

Nací en Riaño, Cantabria, el 12 de Agosto de 1960; cuando tenía un año de edad mis padres se trasladaron a Bilbao, y desde entonces vivo en el barrio de Rekalde. He sido parlamentario de Ezker Batua_Berdeak entre 1994 y 2001, y Consejero de Vivienda y Asuntos Sociales del Gobierno Vasco entre 2001 y 2009. Ahora, trabajo como Profesor de Filosofía, Ética y Ciudadanía en un Instituto de Bilbao.

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