Author Archive for Javier Madrazo Lavín

15
Jan
16

Pensar en un futuro mejor

Artículo de opinión publicado en Noticias Obreras. Enero 2016.

Las elecciones generales han demostrado, una vez más, que en España terminan por imponerse las prácticas y políticas más centristas, siempre cómplices con los dictados de la derecha económica, mientras que los discursos y debates recurren al viejo truco de las descalificaciones y el marketing, ideados por profesionales de la comunicación, para ocultar la falta de ideas y propuestas que mejoren de verdad la vida de las personas. Constatar este hecho resulta, cuando menos, descorazonador. Tras más de ocho años largos de crisis, con consecuencias dramáticas para una mayoría significativa de la ciudadanía, el fin del bipartidismo es en sí mismo una buena noticia, pero sería mucho mejor si viniera acompañado de un programa de gobierno, que apele a la rebeldía y defienda una nueva democracia, real y participativa; promueva la justicia social; garantice los servicios públicos; impulse una renta de garantía de ingresos universal para hacer frente al empobrecimiento y plante cara al poder económico y empresarial, exigiéndole contratos estables, salarios dignos y una fiscalidad acorde a sus beneficios, sin exenciones arbitrarias ni privilegios. No aparece que el futuro apunte en esta dirección. Escribo estas líneas cuando faltan tres días para la cita con las urnas y todo parece indicar que más allá de quien gane o con qué porcentaje, se impondrá el pacto entre quienes en campaña se han declarado diferentes, pero después, sin embargo, son más iguales de lo que jamás reconocerán.

No necesitamos gobiernos que sean correa de transmisión del poder económico y financiero, que tanto daño nos ha hecho y aún pueden hacernos mucho más. España no necesita una mera alternancia; necesita una verdadera transformación, de la mano de un gobierno que sitúe por encima de todo, a las personas y sus necesidades. Justo lo contrario de lo que hizo el gobierno del PP que apostó por representar y defender el orden ( sistema ) actual y por cumplir ciegamente las órdenes que llegaban de la Unión Europea, el Banco Central y el Fondo Monetario Internacional ,aunque estas fueran contrarias a los intereses de la población, sobre todo de la más desfavorecida.  

Es imprescindible plantar cara a quienes ostentan el verdadero poder, aquellos que no se presentan a las elecciones , y que muchas veces se comportan como una verdadera mafia, que amenaza, chantajea y deja caer a los más débiles a un pozo negro, del que escapar es un milagro. 

Es una incógnita el papel que desempeñará Ciudadanos y la gestión que harán del importante capital político acumulado. Habrá que ver si a la hora de la verdad se alinearán con las políticas de la derecha y de apuntalamiento del sistema, o si verdaderamente darán un impulso a la necesaria regeneración de la Democracia y las instituciones del Estado de Derecho. 

Así mismo, queda por ver si el PSOE emprende un nuevo rumbo en su trayectoria, desarrollando un verdadero giro a la izquierda, o si por el contrario sigue sin romper el cordón umbilical con el llamado felipismo y las políticas neoliberales. Si no es así, correrá el riesgo de caer en la irrelevancia y de ser sustituido por los llamados partidos emergentes.

Podemos , bajo el impulso del 15M , ha traído consigo la ilusión y ha alimentado el sueño de un mundo mejor en el que creen y por el que luchan tantísimas personas. Debemos reconocer como gran conquista de la fuerza morada, la capacidad de haber modificado la agenda política general, al incorporar al debate político preocupaciones y demandas ciudadanas que han alterado los discursos y las apuestas del conjunto de organizaciones políticas. Sin embargo, su obsesión por arañar votos, les ha conducido a una cierta ambigüedad ideológica y a una excesiva mirada, especialmente en algunas materias, al centro político, un carril más seguro por el que circular, pero también por el que hay que pagar un alto peaje : el de la renuncia a mchos ideales en pro del pragmatismo. 

Nos encontramos en un momento político muy esperanzador, con una superación del bipartidismo y de las mayorías absolutas, que requerirán de mucho diálogo y acuerdos trasversales, en orden a lograr consensos que garanticen la gobernabilidad y la toma de decisiones. La necesidad de establecer contrapesos redundará en beneficio de las clases populares, y del freno al uso y el abuso de las instituciones, en favor de intereses personales o partidistas.

Resulta frustrante comprobar cómo, en muchas ocasiones, se apela a conceptos positivos como pluralidad y estabilidad, con la finalidad de legitimar acuerdos sin contenidos y sin más hoja de ruta que distribuir ministerios y parcelas de poder. Hemos recuperado, en cierta medida, el interés por la política; ahora nos queda recuperar la confianza en ella. Y ésta sólo llegará con hechos. La recuperación económica, tantas veces proclamada y tantas otras negada por la realidad , sólo será creíble cuando venga acompañada de puestos de trabajo estables y con derechos laborales reconocidos, y políticas sociales que hagan frente al empobrecimiento, que hoy se extiende como una lacra incluso entre la clase media. Es urgente, entre otras muchas cosas,el blindaje constitucional de derechos sociales básicos; el fin de las puertas giratorias, de la pobreza energética o de los desahucios; garantizar de un modo efectivo la independencia judicial; así como reformas estructurales :modificación de la injusta ley electoral o revisión de la estructura territorial del estado( derecho a decidir, sistema de financiación, clarificación competencial…).

Quienes tienen en sus manos los votos necesarios para liderar la revolución democrática, que muchas personas esperan, deben ponerse las pilas sin dilación. Ha llegado el momento de revisar las bases y el modelo que surgió de la primera transición, que nos ha conducido a una democracia de baja intensidad , al dar la espalda a la voluntad ciudadana, y que hoy muestra claros síntomas de agotamiento , con la corrupción como un exponente claro de la propia degradación del sistema institucional y político. Esta enfermedad no se curará sólo con paños calientes. Necesita bisturí. El tiempo apremia. Quién o quiénes gobernarán es importante, pero también lo es el rol de que quiénes ejerzan la oposición. Es de esperar que no se dejen cautivar por los muros del Congreso que les aislarían de las calles, y no sucumban a los debates de guante blanco de la tribuna de oradores. El centro es cómodo y seguro, pero la revolución democrática requiere de riesgo y valentía. Ojalá triunfe ésta última, más pronto que tarde. Movilicémonos y asumamos nuestra responsabilidad. El futuro depende de todas y todos. 

Javier Madrazo

08
Dec
15

EL CENTRO NO EXISTE.

Artículo de Opinión. Javier Madrazo
La celebración de generales el próximo 20 de Diciembre ha contribuido, una vez más, a poner blanco sobre negro un déficit democrático en España, que evidencia la incapacidad de las formaciones políticas para presentarse ante la ciudadanía con programas reales que tengan la voluntad de cumplir y un posicionamiento ideológico firme. 

Desde el mismo día en el que el presidente del Gobierno anunció la fecha de los comicios generales, los cuatros partidos políticos con mayores opciones —PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos— se han lanzado a ocupar un mismo espacio, el centro, en la convicción de que sólo así lograrán sumar más votos y situarse como opción preferida por un mayor número de personas. 

Consultores y estrategas coinciden en afirmar que las elecciones se ganan desde el centro, y puede que tengan razón. Argumentan que aproximadamente el 40 por ciento de la sociedad formaría parte de este amplio colectivo, integrado por más mujeres que hombres, con un nivel formativo medio-alto, un tramo de edad situado entre los 35 y los 55 años, y mayoritariamente con empleo, aunque no siempre estable y bien remunerado. Son personas que se sienten alejadas de las posiciones de extrema izquierda y extrema derecha, que cuando tienen que definirse, en una escala de 0 a 10, apuestan por el 5, el 4 o el 6. Concretamente, según el CIS, en este espectro ideológico estaría representado el 41 por ciento de la población. 

Así se explica que el PP se defina como centro derecha, el PSOE como centro izquierda, Ciudadanos como centro-centro y Podemos esté intentando acercarse tanto al centro, que ha terminado por alejarse de sus orígenes, abandonando los círculos y el debate participativo, que tanta ilusión generaron hace ahora exactamente un año. Estas cuatros formaciones políticas, que hacen grandes esfuerzos día a día para diferenciarse unas de las otras en sus comparecencias públicas ante los medios de comunicación, después, en la práctica, modulan sus discursos para convencer a las mismas personas, empleando para ello argumentos similares, en los que sólo caben ligeros matices.  
Las ideologías se alejan de los orígenes 
Sin duda alguna, nos adentramos de este modo en un círculo vicioso, en el que las ideologías o mueren o se debilitan hasta perder su razón de ser. Nunca como ahora las ideas y posiciones claras y firmes han sido más necesarias. Ser de centro es legítimo, como lo es sentirse de derechas, pero ser de izquierdas y reconocerlo debería ser, además, un motivo de orgullo, máxime cuando el empobrecimiento de la ciudadanía, la privatización de servicios públicos como la educación y la sanidad, o las altas cota de desempleo desmoronan cualquier atisbo de recuperación creíble, más allá de cifras macroeconómicas sin ninguna incidencia en la vida de las personas.  
Todo ello sin mencionar la corrupción o el deterioro de un sistema que se llama democrático, pero niega la voz a las minorías y se muestra incapaz de escuchar las demandas de la sociedad. La campaña electoral constituye una buena oportunidad para exigir a las formaciones políticas que actúen con honradez y transparencia. Debemos instarles a que nos cuenten la verdad y pedirles que asuman sus compromisos por escrito y públicamente. No podemos resignarnos a líderes y mensajes prefabricados, que sólo quieren arañar votos, vengan de donde vengan, para que después gobiernen como quieran y con quien quieran. El centro sólo es una metáfora para justificar decisiones que imponen el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y la Unión Europea de Angela Merkel. Que no nos engañen. 
Podemos debería ser plenamente consciente de ello y no sumarse a una estrategia que le aleja de la nueva política, que aspiran a capitalizar, y le acerca, por el contrario, a todo aquello que habían denunciado hasta que la carrera por el poder se convirtió en su hoja de ruta prioritaria. La formación liderada por Pablo Iglesias ha dado por buenas medidas que lesionan la democracia y la participación política, como es la exclusión de Izquierda Unida de los debates electorales. Debo reconocer que me esta decisión me ha decepcionado más incluso que su presencia en la mesa convocada por el Gobierno de Mariano Rajoy para defender el llamado pacto antiterrorista contra el yihadismo, suscrito tras los terribles atentados perpetrados en París.  
Es posible que esté equivocado y todo valga para ganar puntos en las encuestas y votos en las urnas; es posible también que me haya quedado anclado en el pasado y crea aún en las ideologías, aunque unos y otros se esfuercen por darlas por enterradas. No me gustan quienes se protegen bajo el paraguas del centro porque al final dan todo lo malo por bueno o, cuando menos, por necesario. Las élites políticas son las que más cómodas se sienten en este escenario. Saben que no se cuestionan los cimientos del modelo que urdieron en la transición. La campaña electoral pondrá, en evidencia, una vez más, que las ideas se supeditan a los mensajes, que éstos sólo buscan titulares, y los candidatos a presidente, todos hombres, por cierto, intentan convencernos de que en el centro está la verdad. 

21
Oct
15

OPORTUNIDAD PERDIDA

Cuando no encontramos en puertas de una nueva campaña electoral el panorama en el ámbito de la izquierda alternativa no puede ser más desalentador. Las elecciones municipales marcaron cuál debe ser el camino a seguir para que la izquierda transformadora obtenga el respaldo ciudadano y pueda aspirar a ser hegemónica o, al menos, condicionar la acción política. Para alcanzar este objetivo sólo hay un camino: la unidad. Así se han logrado mayorías de gobierno en ciudades emblemáticas como Madrid o Barcelona, por citar los dos ejemplos más representativos.
El 20 de diciembre la situación será muy distinta. Los intereses partidistas y el afán de protagonismo han frustrado la ilusión de quienes confiaban en un acuerdo entre todas las sensibilidades de izquierda. Podemos, como fuerza principal en este ámbito, es quien más responsabilidad tenía a la hora de de pilotar una verdadera unidad popular que representara a una mayoría social, que reivindica un gobierno al servicio de la ciudadanía y no de la troika y los poderes económicos. Lamentablemente, en esta ocasión, Pablo Iglesias y su organización no han actuado con la generosidad que la situación requería.
Han pretendido imponer como paraguas común una marca que, a tenor de las encuestas, no está logrando el apoyo que sus dirigentes daban por seguro hace menos de un año. Podemos enarbola la bandera del cambio y tienen razones para ello, pero no deberían olvidar que en el Estado hay otras sensibilidades de la izquierda que también defienden su espacio y no buscan cobijo bajo las siglas y el programa de la formación morada. Bien por su apuesta por captar el voto de centro, bien por su estructura vertical o bien por no reconocer la pluralidad en el campo de la izquierda. Han pasado de querer ganar las elecciones a conformarse con reemplazar a IU en el campo de la izquierda.

La historia de la izquierda no ha comenzado hace dos años. Hay una larga tradición de lucha por las libertades y por los derechos democráticos y sociales. En el franquismo y en el período democrático. Son muchas las personas que han dedicado todo su esfuerzo, en barrios, fábricas o universidades, con gran sacrificio, a conquistar mayores cotas de justicia y bienestar. En este sentido, resulta inexplicable el maltrato al que ha sometido Podemos a Izquierda Unida, del mismo modo que resulta incomprensible la sumisión que ha demostrado Alberto Garzón ante una larga cadena de desplantes , desaires y hasta insultos.

Izquierda Unida ha puesto en marcha Ahora en Común, pensando que al ocultar la referencia explícita a la izquierda iba a ser mejor aceptado por Podemos. Al final se han rendido a la evidencia. Podemos no les quiere ni les reconoce como interlocutor. Tienen una papeleta difícil porque defienden una Unidad Popular poco creíble, dado que en su seno sólo han quedado el PCE y voces independientes de carácter testimonial. Se ha eliminado, en un ejercicio de gran sectarismo, la pluralidad interna que en su día fue una seña de identidad, que llevó a Izquierda Unida, principalmente en la etapa Anguita, a ser una fuerza fundamental en la escena política. De hecho, en estos momentos hay mucha izquierda fuera de IU.

El anuncio de la ruptura del proceso negociador entre Podemos e Izquierda Unida ha caído como un jarro de agua fría entre quienes confiaban en que el interés social finalmente se impondría. La ciudadanía esperaba que estas organizaciones demostraran capacidad y vocación de acuerdo. España necesita una opción electoral que represente el sentir de una parte importante de la población, que ha recuperado el interés por la política como respuesta a los recortes sociales, la corrupción y los déficits democráticos de un modelo de desarrollo incapaz de garantizar la igualdad y los derechos básicos de las personas.

Una vez más, estamos ante una oportunidad perdida, que Partido Popular, PSOE y Ciudadanos rentabilizarán en las urnas y en los pactos posteriores que conformarán mayorías de gobierno de centro derecha, sometidas a los dictados de la Unión Europea, el Banco Central y el Fondo Monetario Internacional. No es mi intención buscar culpables. Se trata, sin duda alguna, de un error colectivo, en el que también hemos fallado quienes no hemos sabido o no hemos podido emplazar con éxito a Podemos, Izquierda Unida y al resto de las Izquierdas a ratificar un entendimiento en el que creemos firmemente.

En Euskadi el panorama no es más alentador. A partir del manifiesto impulsado por un grupo de profesores de la UPV parecía albergarse una esperanza de confluencia entre la izquierda independentista y la izquierda federalista. Ha faltado audacia y valentía para superar las inercias de muchos años de distanciamiento. Afortunadamente la izquierda abertzale empieza a asumir sus límites y a entender que hay gentes de izquierda que no comparten sus postulados. El acercamiento, desde el respeto a las identidades plurales, resulta clave. Hasta la fecha su única alianza pasaba por incorporarse a sus filas, asumiendo su propio ideario.

Una alternativa unitaria y plural en el seno de la izquierda vasca concitaría ilusión y movilizaría adhesiones ciudadanas. En Euskadi, al igual que en otras Comunidades, también es posible superar al establishment, que representan PNV-PSE-PP. Estas tres fuerzas se alían para conformar o sostener gobiernos de perfil plano, que priorizan el mantenimiento del poder como única hoja de ruta. Jamás ofrecen propuestas que puedan poner en riesgo el status quo dominante, político y económico. La ciudadanía progresista, consciente de esta realidad, exige una unidad popular real, con un programa compartido que le permita recuperar su protagonismo y liderar el futuro que desea para los próximos treinta años. 

Javier Madrazo Lavín

Bilbao, a 13 de Octubre de 2015

02
Aug
15

NO FRUSTREMOS LOS SUEÑOS Y ESPERANZAS

Las elecciones municipales y forales, así como los comicios autonómicos en aquellas Comunidades en las que se han celebrado, han puesto en evidencia la necesidad de alcanzar pactos para poder conformar gobiernos. Sin duda alguna, una buena noticia para la democracia, en la medida en la que la necesidad de entenderse obliga a dialogar y a acordar entre diferentes. La irrupción de nuevas formaciones políticas, que han contribuido a erosionar el bipartidismos, se erigen así en protagonistas de la vida pública, con capacidad para condicionar la acción de las instituciones. Es razonable deducir que esta situación tendrá un impacto positivo en la regeneración de la democracia y ojalá en la vida de las personas, especialmente en las más vulnerables, que se han visto castigadas por la crisis económica y la gestión de la misma por parte del Partido Popular.
Resulta esperanzador escuchar a Manuela Carmena, Ada Colau o Jordi Ribó, cuyos discursos logran emocionar a quienes creemos que la política sólo cobra sentido cuando responde a las necesidades de la ciudadanía y no a los intereses de los poderes establecidos. Se abre un camino alternativo, que muchas y muchos intentarán boicotear una y otra vez, porque son conscientes de que constituyen una amenaza para un sistema que creían inalterable. Los pactos entre diferentes son importantes, pero mucho más lo son propuestas como las que representan, por referirse a las principales ciudades, Carmena, Colau o Ribó en Madrid , Barcelona o Valencia . En primer lugar, porque nacen de la voluntad y no de la necesidad. No nos engañemos.Muchos de quienes hoy elogian los acuerdos como expresión de pluralidad añoran las mayorías absolutas que perdieron o los tiempos en los que las ententes se basaban en un reparto de cuotas de poder y no en programas o ideas.

Por ello, es preciso apostar por acciones de unidad popular, que sumen voces de los movimientos sociales y asociativos, aglutinen a personas comprometidas, más allá de las siglas y los corsés de los partidos, y sean expresión de la voluntad ciudadana, que en los últimos ocho años ha denunciado en las calles los abusos del Partido Popular y las políticas de recortes, iniciadas, no lo olvidemos, por Rodríguez Zapatero. Es clave que este modo de entender la acción pública, empoderando a las personas sobre el capital, sea mucho más fuerte de lo que es en la actualidad y ejerza el liderazgo que le corresponde, de modo que tengan el peso suficiente para consolidar las políticas de rescate ciudadano y evitar , lo que muchas veces ha sucedido, que el PSOE una vez alcanzado los gobiernos, ceda ante la presión de los lobbies y poderes económicos . No se puede defraudar en modo alguno, las esperanzas y expectativas generadas en tanta gente. Hay que tener altura de miras para primar el interés general sobre las estrategias particulares, generando ilusión y confianza.

Sabemos que no es fácil, aunque debemos pensar que el sentido común terminará por imponerse. Las experiencias de Madrid, Barcelona o Valencia, por poner sólo tres ejemplos, constituyen un aliciente para avanzar en esta dirección, que conecta con las aspiraciones de la ciudadanía. Sus primeras decisiones son esperanzadoras y demuestran cercanía, austeridad, sensibilidad social… que no ha sido común en quienes han gobernado desde la transición. La política recupera, por fin, el pulso de la calle y habla su mismo lenguaje, llenando de contenido conceptos y valores como ética, integridad, justicia social o corresponsabilidad en la toma de decisiones. No sobran compañeros de viaje en este recorrido. Pensar lo contrario significaría pecar de soberbia y no es el momento para ello. Las elecciones generales marcarán un antes y un después. Son la auténtica prueba de fuego. Ojalá sepamos aprovechar esta oportunidad y no se frustren los sueños y esperanzas que hoy albergamos.    

07
Jul
15

Necesitamos una Syriza

Artículo de opinión publicado en el CORREO. Javier Madrazo Lavín

El 24M las candidaturas de verdadera confluencia, encabezadas por nuevos liderazgos (Manuela Carmena, Ada Colau…) han obtenido unos magníficos resultados ( mejores que las candidaturas de partido) que han materializado el cambio en las principales ciudades. Por ejemplo, Ahora Madrid al ayuntamiento ha obtenido el 31% de los votos y Podemos a la Comunidad Autónoma el 18%.El mensaje a extraer es claro. Cuando la izquierda se une, es más fuerte y genera ilusión en la ciudadanía. Y cuando no lo hace, favorece la consolidación del eje PP-PSOE-CIU. Lo que es evidente a los ojos de la gente parece difícil de entender por los estados mayores de los partidos. Siguen primando los intereses partidistas y la búsqueda de la hegemonía , sobre la conformación de alternativas sólidas y unitarias al servicio del rescate ciudadano y la regeneración democrática. Es decepcionante que no se aproveche desde la izquierda alternativa esta oportunidad histórica que se nos presenta, para afrontar la próxima cita electoral en las mejores condiciones para conseguir el triunfo en las urnas.

Inicialmente sucedió con IU que, antes de la europeas y ofuscada por las encuestas, rechazó el acuerdo con Podemos .Ahora sucede lo mismo con Podemos que, sabiéndose en posición de fuerza, rechaza el acuerdo con IU. Y además lo hace desde el desprecio, la arrogancia y la humillación . Es cierto que el aparato del PCE, quebrando la apuesta por la convergencia y la apertura que formuló en la década de los 80, y desde el sectarismo más absoluto, ha arruinado definitivamente el proyecto de IU, siendo las elecciones generales su estación final. Pero IU y sus bases se merecen un respeto y una consideración, porque hablamos de hombres y mujeres que llevan muchos años en la lucha por la mejora de las condiciones de vida de los trabajadores y las clases populares. Son inaceptables declaraciones como las realizadas por Pablo Iglesias (posteriormente matizadas) diciendo que los de IU eran “unos cenizos y unos tristes” , que “no han hecho nada en veinticinco años” o ” que se cuezan en su salsa y se queden con su bandera roja pero que nos dejen en paz”…

Me parece un gran error que Podemos haya querido imponer su sigla como paraguas electoral común. Con un 14% de los votos esta pretensión , además de injustificada(teniendo en cuenta que hay otras opciones de izquierda que son mayoritarias en Cataluña, Euskadi, Navarra, País Valencía, Baleares o Galicia ) arruina las posibilidades de acuerdos con el resto de organizaciones a las que no se les da otra opción que disolverse. Quién tiene más fuerza y liderazgo en el campo de la izquierda, es quien debe mostrar más generosidad, tolerancia y humildad para articular la Unidad Popular desde el respeto a las identidades plurales. Generosidad con los de fuera , pero también con los de dentro. Resulta sorprendente el sistema de primarias que ha puesto en marcha Podemos para elegir a sus candidaturas a las elecciones generales. Un sistema teóricamente de listas abiertas pero que a través del método de “lista plancha” dará como resultado que todas las personas elegidas sean del grupo oficialista, sin presencia alguna del resto de sensibilidades del partido. Además, en el afán por controlar de modo férreo el grupo parlamentario, lanzan un sistema de elección por circunscripción única que rompe con el principio de respeto a la plurinacionalidad del Estado. Ello dará como resultado la proliferación de los llamados “paracaidistas”(personas no arraigadas en los territorios). No es de extrañar el malestar y los pronunciamientos críticos contra este reglamento ( que bebe de lo peor de la vieja política) de muchos círculos y órganos de dirección .

Los últimos resultados ponen de manifiesto que la Izquierda puede ganar las elecciones y dar un giro radical a las políticas antisociales y austericidas impulsadas por el PP y el PSOE, que han colocado a nuestro país en una situación de emergencia social con unos niveles dramáticos de desempleo , precariedad y pobreza totalmente inaceptables .

Ni antes IU era la Syriza española ni ahora lo es Podemos. Al igual que en Grecia aquí también necesitamos una Syriza , es decir, una plataforma o frente común que acoja al conjunto de componentes de la izquierda transformadora, desde el respeto a sus trayectorias e identidades. Sin que nadie tenga que renunciar a lo que es, y sabiendo que el nexo de unión es el programa compartido. Esa sí sería una fuerza ganadora que estaría en condiciones, al igual que en Grecia, de plantar cara,a la tiranía de la banca, de los poderes económicos dominantes y a las instituciones que están a su servicio.

De lo contrario, si la Izquierda va desunida y fragmentada, estaremos condenados o bien a reeditar el gobierno del PP con el apoyo de Ciudadanos y la abstención de Convergencia, o a que el cambio lo protagonice el PSOE con el apoyo de Podemos ( que contará sin duda con un grupo fuerte pero a todas luces insuficiente para liderar el nuevo tiempo). Y el PSOE, a estas alturas lo sabemos muy bien, no es garantía de cambio por mucho maquillaje y lifting que se haga.

10
Jun
15

Abrir las ventanas de la política “

Artículo que he publicado en Noticias Obreras. Junio 2015.

La crisis económica ha traído consigo, entre otros muchos factores negativos, altos índices de desempleo, empobrecimiento de importantes sectores de la población, recortes de derechos laborales y sociales, desahucios de viviendas y pequeños negocios, privatizaciones de servicios públicos y precariedad en el mercado de trabajo, especialmente entre las personas más jóvenes y las mujeres. El panorama no puede ser más desolador. Sin embargo, como en todos los periodos negros también hay elementos positivos, que merecen ser subrayados. En España, la crisis económica está en el origen del desafecto ciudadano hacia las élites que ejercen el poder, un fenómeno nuevo, que ha despertado la indignación de millones de personas, que por primera vez en mucho tiempo son conscientes del valor de la política para defender sus derechos y apelan a la democracia real para que su voz no sólo sea escuchada sino también y sobre todo tomada en consideración.

En este contexto, formaciones políticas alternativas como Podemos y Ciudadanos ganan adhesiones y erosionan, por fin, el bipartidismo, en el que Partido Popular y PSOE han vivido cómodamente instalados, en la confianza de que este estatus tenía carácter vitalicio. España ha vivido cuarenta años de democracia tutelada por las élites, que escribieron un relato falso de la transición para perpetuarse en el poder, engañando a la ciudadanía con el señuelo del voto cada cuatro años y un régimen de libertades(cada vez más disminuido) y participación, en el que se nos ha negado siempre el derecho a decidir cómo queremos vivir y cómo queremos organizarnos. Nos han tratado como a personas sin criterio y voluntad, nos han anestesiado vendiéndonos el espejismo del crecimiento y el desarrollo, y, en última instancia, nos han abocado al consumo irrefrenable como garantía de felicidad. Mientras tanto muchos de quienes han mandado se han enriquecido sin límite, han blindado su futuro con pensiones millonarias y se han creído al margen de la justicia, ocultando sus vergüenzas en paraísos fiscales y empresas pantalla.  

Debemos desear que los resultados electorales y las alianzas surgidos de la cita con las urnas corten de raíz estas prácticas y hábitos, confiando que la presencia de un mayor número de agentes en el terreno de juego obligue, al menos, a ser más combativos contra la corrupción y más solidarios con las personas que se encuentran en una mayor situación de vulnerabilidad. Son muchas las necesidades y también muchas las expectativas. La ciudadanía, cansada de sufrir en solitario el impacto de la crisis económica y defraudada por los incumplimientos y tropelías de muchos de quienes ejercen la política, no aceptará esta vez nuevos fraudes y pactos oscuros de reparto de poder como ha ocurrido en el pasado. Esperemos que la exigencia sea ahora mucho mayor, y las prioridades que marcarán los pactos post-electorales estén condicionadas por la urgencia de impulsar la economía real, crear empleo de calidad y promover acciones que contribuyan a regenerar la democracia y recuperar los derechos y libertades que nos han sido arrebatados en estos últimos seis años.

Los comicios generales serán la auténtica prueba de fuego para propiciar un cambio de modelo o, cuando menos, para gestionar las instituciones con mayor transparencia y contacto con la calle. Las encuestas unas veces aciertan y otras se equivocan cuando distribuyen escaños y porcentajes de voto, pero siempre atinan cuando reflejan los sentimientos y percepciones de las personas. Hay unanimidad en poner de manifiesto cuáles son las preocupaciones ciudadanas -el mercado de trabajo y la ética en la política- y ahora sólo queda que quienes tienen potestad para ello actúan en coherencia. La pluralidad como concepto es buena y como instrumento para gestionar la actividad pública, imprescindible.  

02
Jun
15

UN LUGAR PARA VIVIR, UN DERECHO HUMANO

Artículo publicado en el CORREO. Mayo 2015. Por Javier Madrazo Lavín

El derecho a la vivienda, entendido como un derecho humano fundamental, ha recuperado vigencia en el debate político y social, en gran medida como respuesta a la ola de desahucios, consecuencia directa del austericidio y el empobrecimiento de una parte importante de la llamada clase media, que se ve imposibilitada para hacer frente a los créditos contraídos al perder su puesto de trabajo. Es obvio que todas las personas necesitamos un hogar en el que poder desarrollar, de un modo autónomo, nuestro proyecto de vida. Sin una vivienda digna nadie puede tener una vida digna. Hablamos de una demanda ciudadana legítima, consagrada en la Constitución española del año 1978, que las Administraciones Públicas competentes siempre han incumplido.

En este sentido, constituye una buena noticia que PSE, Bildu y UPD hayan alcanzado un acuerdo para impulsar en Euskadi una Ley de Vivienda, que reconozca, por fin, el derecho subjetivo a un lugar en el que poder vivir. Se trata, sin duda alguna, de un paso hacia adelante, que conecta con el espíritu del Anteproyecto de Ley de Garantía del Derecho Ciudadano a una Vivienda Digna, que Ezker Batua-Berdeak remitió al Parlamento vasco para su aprobación en el año 2009, en su etapa en el Gobierno vasco. No fue posible, entonces, en gran medida por la negativa de las formaciones que ahora impulsan esta propuesta, que, en cualquier caso, es bienvenida. Euskadi no es ajena al drama de los desahucios y la vivienda constituye aún para muchas personas una suerte de privilegio inalcanzable.  

No deja de ser curiosa, en este sentido, la reacción del Gobierno vasco y la formación política que lo sustenta, denunciando el contenido de esta iniciativa, tan legítima como bien fundada, recurriendo al tópico del “efecto llamada”, tantas veces empleado por el partido Popular para descreditar, por ejemplo, la Renta General de Ingresos y la Prestación Complementaria de Viviendas. Una vez más, se recurre a un argumento tan manido como demagogo, que no es otro que el temor, que se alienta con el propósito de impedir el ejercicio de un derecho, que las Administraciones Públicas deberían intentar garantizar en lugar de rechazar, como ocurre en este caso. Ezker Batua-Berdeak consensuó con el PNV, hace ahora seis años, una propuesta legislativa de implantación progresiva, según la cual, en una primera fase, todas las personas con ingresos anuales inferiores a 22.000 euros, un colectivo de 8.000 hombres y mujeres en aquel periodo, accederían a una vivienda en alquiler en el plazo máximo de cinco años.

El objetivo no podía ser más ambicioso: hacer realidad el derecho subjetivo de todas las personas a un techo. Una opción real y viable, siempre y cuando el Ejecutivo autónomo asumiera el compromiso de construir 35.000 viviendas en alquiler protegido en diez años. La proximidad de los comicios autonómicos condenó al fracaso esta iniciativa, que hubiera prosperado si los cálculos electorales y los intereses partidistas no se hubieran impuesto sobre el interés general, dejando pasar una oportunidad que ahora puede retomarse con éxito. Ojalá sea así. Confío en que el texto pactado pueda ver la luz porque son muchas las personas que se beneficiarán de ello y las instituciones de Euskadi serán modelo de sensibilidad social, una seña de identidad irrenunciable, que habría de presidir todas sus actuaciones. En este sentido, el PNV debería desmarcarse del discurso del Partido Popular y buscar acuerdos para que nuestra Comunidad se sitúe en el ránking de los países más avanzados y progresistas en materia de vivienda. En Escocia se puso en marcha una iniciativa similar con resultados muy positivos.

Euskadi ha sido y debe ser un referente de progreso en un contexto de recortes de derechos y prestaciones, demostrando que se puede gobernar con conciencia, primando el bien general sobre el bien particular. Apoyar a las personas con mayores dificultades, aquellas que se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad al carecer de una vivienda digna, es una obligación irrenunciable de quienes ejercen el poder. No hablamos de solidaridad, sino de justicia. Las Administraciones Públicas, en Euskadi y el Estado, han respaldado a menudo la propiedad en detrimento del alquiler porque han considerado la vivienda un negocio y no un derecho. Y ésta y no otra es la razón que está en el origen de la especulación y la corrupción en el sector inmobiliario. Siendo Consejero de Vivienda y Asuntos Sociales del Gobierno vasco mi primera intención fue promover un parque público de alquiler, impidiendo que dinero público se invirtiera en pisos destinados a la propiedad, que en un plazo de veinte años fueran libres y pudieran venderse como tales a precio de mercado.  

Lo logramos y fue un gran avance en un largo camino que ahora el Parlamento vasco podría profundizar, pese a la oposición del PNV y el Partido Popular. El derecho subjetivo a una vivienda no es una demanda revolucionaria, ni mucho menos utópica o populista. Es factible y viable, como lo fueron en su día la sanidad o la educación, aunque hoy estén también en cuestión. Comparto la penalización de la vivienda vacía, estableciendo un canon que la grave, porque creo que una medida de esta naturaleza favorecería su alquiler. Fué una propuesta pionera, no bien entendida, que ahora puede y debe ser una realidad. Esta iniciativa debería ir acompañada del fortalecimiento del programa que pusimos en marcha , Bizigune, de movilización de vivienda vacía, y que en los últimos años ha ido perdiendo fuerza y atractivo por los recortes practicados en materia de vivienda tanto por el gobierno de López como de Urkullu.  

Deseo que pronto sea una realidad el reconocimiento del derecho subjetivo de todas las personas a una vivienda en alquiler. Ganaremos todas y todos.




Quién soy

Nací en Riaño, Cantabria, el 12 de Agosto de 1960; cuando tenía un año de edad mis padres se trasladaron a Bilbao, y desde entonces vivo en el barrio de Rekalde. He sido parlamentario de Ezker Batua_Berdeak entre 1994 y 2001, y Consejero de Vivienda y Asuntos Sociales del Gobierno Vasco entre 2001 y 2009. Ahora, trabajo como Profesor de Filosofía, Ética y Ciudadanía en un Instituto de Bilbao.

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