··> HOMENAJE A LAS VÍCTIMAS DEL FRANQUISMO. Parque de Doña Casilda, Bilbao. Febrero 2006
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··> HOMENAJE A LAS VÍCTIMAS DEL FRANQUISMO. Gurs, Francia. Mayo 2006
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··> HOMENAJE A LAS VÍCTIMAS DEL FRANQUISMO. Saturrarán, Gipuzkoa. Febrero 2007
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“Que mi nombre no se borre de la historia”. Estas palabras, pronunciadas por una joven de 19 años condenada a muerte tras el alzamiento fascista, representan los sentimientos de dignidad, integridad y convicción de todas las personas que lucharon, en su día, por la libertad y la democracia frente a la dictadura y la represión franquistas. Ezker Batua-Berdeak, desde el Departamento de Vivienda y Asuntos Sociales del Gobierno Vasco, se propuso como objetivo impulsar una política de recuerdo, respeto y reconocimiento a todas las personas que sufrieron persecución, cárcel y exilio por reivindicar la legitimidad republicana frente al alzamiento fascista.
Sólo en Euskadi, durante la guerra, más de 150.000 personas huyeron al exilio, entre ellas 30.000 niñas y niños; 6.000 más murieron fusiladas y 7.000 perdieron la vida en el frente. Otras 50.000 fueron detenidas y encausadas. Después, la dictadura trajo todavía más dolor y violación de los derechos humanos. Han sido muchos años de injusticia y olvido, en los que las víctimas de la intolerancia y el fanatismo se han visto obligadas a callar sus testimonios por temor a nuevas represalias; la transición a la democracia tampoco les permitió exigir su derecho a la verdad y a la justicia.
Entonces se les impuso un nuevo castigo: renunciar a su memoria para posibilitar la llegada de la democracia. Su generosidad fue su contribución al reencuentro y a la reconciliación. Sin embargo, el silencio ha sido tan cruel como lo fueron, en su día, las ejecuciones, las desapariciones o la tortura. Por ello, esta sección, que ofrece un resumen de los actos organizados por Ezker Batua-Berdeak desde el Gobierno Vasco, pretende ser un altavoz que contribuya a mantener viva la memoria de tantas y tantas personas, y tantas y tantas familias, que merecen una reparación ética y judicial, que aún no ha llegado. Las nuevas generaciones, por su parte, debe conocer el horror de la guerra para valorar la paz, el diálogo y la tolerancia.



























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