Octubre 2008 EL CORREO
“He estado en todas las partes del mundo y lo único que he visto globalizado es la pobreza”. Estas palabras, pronunciadas por Federico Mayor Zaragoza, ex presidente de UNESCO, son el fiel reflejo de una realidad social, condicionada por la brecha creciente entre quienes más tienen y quienes no poseen nada. El modelo de desarrollo neoliberal, que prima los beneficios económicos de una minoría sobre el bienestar de las personas y los pueblos, está en el origen de esta dualidad, que erosiona los derechos humanos fundamentales y pone en tela de juicio valores que asumimos como reales, pero que después, en la práctica, no lo son; me refiero a ideales de democracia, libertad e igualdad de oportunidades.
La pobreza material que impide a millones de personas poder decidir sobre su vida con autonomía e independencia no es casual; al contrario, es consecuencia directa de la pobreza moral de quienes dirigen grandes emporios económicos, que, a su vez, controlan gobiernos y toman decisiones unilaterales que en los países empobrecidos implican hambre, enfermedad y muerte, y en los llamados países desarrollados generan desigualdad, exclusión y marginalidad. Vivimos ahora momentos difíciles, marcados por una crisis económica grave, que en nada ayudará a la consolidación de un mundo mejor y más justo. Las economías occidentales están dispuestas a inyectar fondos públicos para salvar de la quiebra a quienes han sido responsables de esta situación, al tiempo que niegan la ayuda prometida a África y recortan las prestaciones sociales en sus países respectivos.
Solidaridad no significa caridad; al contrario, significa compromiso personal, ético, político y social a favor de de un modelo de desarrollo alternativo al actual, que garantice a todas las personas las mismas oportunidades e iguales cotas de bienestar. El proyecto “Alma Solidaria” responde fielmente a este objetivo y por ello cuenta con el apoyo del Departamento de Vivienda y Asuntos Sociales del Gobierno Vasco. En Euskadi el Tercer Sector tiene una larga tradición, marcada por años de entrega y trabajo en la defensa de principios de equidad y superación de las injusticias, y merecen todo nuestro reconocimiento y nuestro respaldo. Esta iniciativa es un homenaje a su trayectoria, pero debemos ir todavía mucho más allá. Cuando me preguntan qué entiendo por solidaridad, siempre respondo con una cita del escritor uruguayo, Eduardo Galeano, que define así la utopía:
“Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Ando diez pasos y ella se corre diez pasos más allá. Para qué sirve: Sirve para eso, para caminar”.




























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