El Gobierno de Patxi López, con la connivencia del Partido Popular, ha decidido “meter mano” a las ayudas sociales, desmantelando lo que ha sido una política progresista, que lejos de recortes necesitaba mejoras, máxime en un contexto de crisis económica como el actual. La protección social debe ser considerada un derecho y ni se puede ni se debe jugar con ella, y menos aún con excusas tan falsas como es hacer frente al fraude en el cobre de la Renta de Garantía de Ingresos. El fraude no está en las personas que reciben ayudas de las instituciones; el fraude real está en las empresas y profesionales liberales que eluden sus obligaciones con Hacienda. Lamentablemente, el Gobierno PPSOE no lo ve así y recurre a la coartada del fraude para legitimar una política neoliberal, que fomenta la exclusión y la insolidaridad.
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Recortes sociales en Euskadi
Fiesta de la Rosa (Marchita)
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha suspendido finalmente su visita a Euskadi, anunciada a bombo y platillo, con motivo de la Fiesta de la Rosa, que el PPSOE celebra hoy en las instalaciones del BEC en Barakaldo. La excusa utilizada es que debe visitar al Rey en Barcelona, donde se recupera de una operación para extirparle un nódulo benigno. Sea cierta o no esta explicación, lo que sí sabemos es que Zapatero no está en su mejor momento para dar la cara públicamente, y menos aún en Euskadi, donde el PSOE gobierna con el PP.
El retraso sine die del traspaso de las políticas activas de empleo, el incumplimientos sistemático del Estatuto de Autonomía y las declaraciones del consejero de Industria de PPatxi, instando a una reforma laboral urgente, tampoco ayudan en nada a legitimar su presencia en Euskadi. Además, por si todo ello fuera poco, no veo que haya razones para conmemoraciones ni homenajes de ningún tipo, por mucho que insista PPatxi en dar boato al primer aniversario de la constitución de su Gobierno. El lehendakari quería sentar a Zapatero en el BEC, pero éste le ha dado “plantón” y ha optado por esconderse detrás del Rey como buen republicano (¿?).
El presidende del Gobierno no atraviesa su mejor momento. PPatxi no había invitado, esta vez, al hombre del talente, sino a un hombre quemado, que a estas alturas del partido está tan marchito como las rosas con espinas que el PPSOE repartirá hoy en el BEC. Dos amigos, de lo que puedo fiarme, me aseguran que en el PSOE están más que preocupados con la actitud de Zapatero, que se caracteriza por esperar a que el temporal escampe, mientras deja hacer a la patronal y a la banca, que han logrado socializar la necesidad de una reforma laboral y una reducción drástica del gasto público.
Me consta que cada vez son más las personas con poder en el PSOE las que abogan por un adelanto electoral, pero, en realidad, con comicios o sin ellos poco van a cambiar las cosas para el conjunto de la ciudadanía. Si el presidente del Gobierno revalidara su mayoría, se sentiría legitimado para girar aún más a la derecha, y si ganara Rajoy haría lo mismo que tiene previsto hacer Zapatero, sólo que más rápido y con pulso más firme. El PSOE no es alternativa al PP en política económica y social. La única alternativa de verdad es Izquierda Unida y por ello es necesario difundir sus propuestas y sus mensajes a través de la red, ya que en los medios de comunicación no somos bienvenidos. Nos dan la espalda porque apuestan por reforzar el bipartidismo frente a la pluralidad.
Por pedir que no quede
Cuando se cumple el primer aniversario de la constitución del Gobierno PPSOE el lehendakari ha comparecido ante los medios de comunicación para anunciar que su gabinete “no sólo sabe gestionar” sino que “incluso lo hace mejor que el anterior”, en referencia al llamado tripartito vasco. Las palabras de PPatxi suenan tan falsas como huecas y su rictus, entre enojado y distante, demuestra que no se las cree ni él mismo por mucha fe y vehemencia que ponga en el discurso.
En realidad, tiene tres lastres difíciles de superar. Primero, el pacto con el Partido Popular, negado en campaña electoral y suscrito al concluir la misma; segundo, la imagen socialmente extendida sobre su falta de formación académica y experiencia profesional, potenciada, a voluntad propia, con un inoportuno posado en Vanity Fair y sus declaraciones admitiendo realizar “piras a las clases de euskera; y, tercero, un sentimiento de provisionalidad que le atenaza y le resta confianza como lehendakari.
Su problema prioritario no tiene nada que ver con la comunicación; va mucho más allá. El acuerdo PSOE-PP levanta ampollas entre el voto nacionalista, que ve en este dúo la representación del centralismo más feroz, pero también lo hace entre el voto vasquista, por el que en una época tanto peleó Jesús Eguiguren, y más aún en el voto de izquierda, reacio a compartir el mismo espacio que Antonio Basagoiti, quien ejerce en la práctica como lehendakari en la sombra.
El drama de PPatxi es sencillo: necesita desmarcarse del PP, pero si lo hace, aunque sea tímidamente, se encuentra con un Parlamento en el que sólo tiene veinticinco representantes de un total de setenta y cinco. Además, en un año se celebrarán elecciones municipales y forales y es razonable pensar que Antonio Basagoiti quiera cobrar su peaje, trasladando el pacto PPSOE a Ayuntamientos y Diputaciones. Cuantos más pasos de PPatxi en esta dirección más crédito perderá, y su declive continuará acentuándose aún más.
Por si todo ello fuera poco, la persistencia de la crisis económica también le perjudica, al igual que la incapacidad de Zapatero para hacer frente a la que está cayendo. En realidad, ni uno ni otro tienen propuestas efectivas y eficaces para generar empleo o promover el tejido empresarial. Se conforman con cruzar los brazos, en la confianza de que el número de personas desempleadas descienda unas décimas para poder vender y capitalizar una supuesta recuperación, que saben que no es cierta.
A ambos les falta valor para hacer política de izquierda y se saben prisioneros de la banca y la patronal. Han vendido su alma a la derecha y ahora tienen que pagar un alto precio por ello: impulsar una reforma laboral regresiva, contraria a los intereses y derechos sociales de la ciudadanía, y recortar el gasto público con todo lo que ello conlleva en materia de pensiones, dependencia, medio ambiente o servicios básicos vinculados al bienestar.
Esta vez tienen miedo porque saben que no pueden pedir por más tiempo el voto de la izquierda para hacer después la política de la derecha. Esta estrategia ya no cuela; está tan quemada como la imagen de sus promotores. Por ello, sólo les aconsejo, si me permiten el atrevimiento, que en lugar de prometer y hablar tanto del cambio que nunca llega, cambien ellos y recuperen los valores y principios del socialismo. Sin duda alguna, es tarde para ello, pero por pedir que no quede.
“Sí o sí”
“Sí o sÍ”. Con esta rotundidad se expresaba ayer el presidente del Partido Popular, Antonio Basagoiti, al anunciar que el Plan de Educación para la Paz (¿?) saldrá adelante, en el Parlamento vasco, con consenso o sin él. En opinión del dirigente de la derecha española en Euskadi “no se puede dar un paso atrás”. Todo un ejemplo de diálogo, pluralidad y transversalidad, las tres grandes promesas de PPatxi en campaña electoral. ¿Dónde han quedado tan buenas palabras? Sólo ha transcurrido un año desde que se pronunciaron y ya son historia.
Soy profesor de instituto, al igual que lo son mi compañera y una parte importante de mi entorno más cercano, y tanto mi hija como mi hijo han estudiado siempre en centros públicos; por ello, creo que tengo, cuando menos, cierta legitimidad para decirle a Antonio Basagoti que se equivoca cuando afirma tajantemente que “la conciencia de los jóvenes ha venido siendo condicionada por mentiras, falsedades, opresiones falsas de pueblos vascos y por equidistancias entre víctimas y verdugos”.
No sé dónde habrá estudiado él, pero yo no enseño nada de todo eso a mis alumnas y alumnos, ni tampoco he escuchado jamás a ningún docente impartir dichos valores o propagar dichas ideas; por supuesto, ni mi hija ni mi hijo han recibido esa educación y en mi círculo próximo nunca he percibido ninguna crítica en ese sentido. Las palabras de Antonio Basagoiti constituyen una ofensa para el conjunto del profesorado, y alguien debería exigirle explicaciones, e incluso desautorizarle si persiste en su hostilidad manifiesta contra el sistema educativo.
El dirigente de la derecha española no está ya en la oposición y es un partido de gobierno, aliado del PPSOE y sostén de PPatxi en Ajuria Enea. Posiblemente, no sea éste el lugar más idóneo para promover un debate en profundidad sobre el Plan de Educación para la Paz, que no sé muy bien por qué, pero a priori me suena a más utilización del dolor y sufrimiento de las víctimas con fines electorales y partidistas, y a una estrategia más de adoctrinamiento, que no merecen ni el personal docente, ni el alumnado y tampoco la sociedad.
Es posible que no sea así, pero algo me dice que polémicas como éstas interesan al Gabinete PPSOE para ocultar su incapacidad para hacer frente a las consecuencias negativas de la crisis económica en Euskadi. En el primer trimestre de 2010 se han perdido 8.600 empleos netos respecto al trimestre anterior. Según datos elaborados por el Eustat, la tasa de paro en nuestra Comunidad roza ya el 9,0 por ciento y las perspectivas son más negras cada día que pasa. ¿Dónde está el Gobierno PPSOE?



























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