El pasado 14 de abril se cumplieron setenta y nueva años de la proclamación de la II República en el Estado español. Esta efemérides, siempre recordada por la izquierda alternativa, ha adquirido en esta ocasión una relevancia especial, en gran medida porque se ha celebrado en un contexto de crisis económica sin precedentes y, además, ha coincidido en el tiempo con el procesamiento al juez Baltasar Garzón por haber intentado investigar las desapariciones forzosas en la dictadura. Debo reconocer, en honor a la verdad,  que me ha sorprendido la respuesta ciudadana exigiendo  justicia, verdad y reparación para las víctimas del franquismo, pero aún me ha sorprendido más comprobar que el respaldo a las tesis republicanas avanza posiciones en el Estado.

He participado en distintos actos de homenaje a quienes defendieron en 1936 la legitimidad republicana frente el alzamiento fascista y en todos he constatado, por primera vez, un mayor nivel de compromiso, especialmente entre las personas más jóvenes. Es cierto que muchas de ellas han conocido en sus hogares el dolor y el sufrimiento que han marcado la vida de quienes sufrieron represión, cárcel, exilio e incluso muerte por reivindicar la democracia y la libertad, pero otras muchas se suman ahora a la causa republicana porque piensan que representa también la superación de un modelo de desarrollo, que les condena a la precariedad y los bajos salarios, cuando no al desempleo sine die. 

Es posible que me equivoque y esta sensación sea sólo un espejismo, sin ninguna base real y, por supuesto, sin más fundamento sociológico que mi propia percepción. Sin embargo, creo que hay un movimiento de fondo, una nueva línea de pensamiento, canalizada preferentemente a través de las redes sociales, crítica con el orden establecido, que quiere ser escuchada y tomada en consideración. La crisis económica y la alianza de los gobiernos occidentales para salvar el capitalismo, reforzando para ello el poder de la banca y la patronal, está, en mi opinión, en el origen de una contestación social, aún latente, pero que suma adhesiones día a día ante un modelo que se tambalea. 

En realidad, no es para menos. Resulta difícil confiar en un sistema cuyos pilares están, en gran parte, desacreditados por haber mantenido tradicionalmente actitudes y posiciones contrarias a la ética, la integridad y la coherencia. Me refiero, sin ir más lejos, a una monarquía que aún no ha condenado los crímenes del franquismo, a la jerarquía vaticana que ha silenciado los abusos sexuales en su seno o a todos aquellos gobiernos que prometieron superar el capitalismo y lo que han hecho, en la práctica, ha sido apuntalarlo, generando una grave crisis social, que tiene su máxima expresión en el número de personas que pierden su trabajo y buscan otro, pero no lo encuentran.

La experiencia nos ha demostrado que este escenario puede ser la antesala para el avance de posiciones vinculadas a la derecha más populista y demagoga, pero también puede serlo para la movilización ciudadana, más concienciada y activa, que ansía un proceso de transformación y cambio. Soy todavía un novato en el uso y comprensión de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, pero sé lo suficiente para detectar en ellas un potencial de difusión de mensajes y propuestas, que no siempre encuentran el eco que merecen en otros soportes más convencionales. Se abre, de este modo, un mundo de oportunidades para discursos y sensibilidades que, por fin, pueden hacerse oír, interconectarse entre sí y ampliar su radio de acción e influencia. 

Prueba de ello es el eco que han alcanzado este año en la red las ideas republicanas, que se han propagado a través de blogs y redes sociales, despertando un sentimiento que parecía adormecido, aunque no lo estaba. Hay mucha frustración e impotencia acumuladas ante hechos tan cuestionables como son la impunidad con la que la transición pasó página a la historia, la corrupción generalizada en la vida pública, los salvavidas lanzados a la banca y la patronal, o el apoyo inquebrantable a un sistema de mercado que no garantiza la equidad. En este contexto, la conmemoración de la II República no ha sido esta vez un día para la añoranza y la nostalgia, sino para la reivindicación del socialismo como contrapoder al capitalismo y la denuncia de quienes se oponen al esclarecimiento de los crímenes del franquismo.

La transición tuvo aciertos y errores, muchos de ellos derivados de un entorno marcado por la presión de los poderes fácticos y el anhelo ciudadano de libertad, aunque ésta no fuera tal y como la habíamos soñado. La llegada de la democracia, tras cuarenta años de dictadura, marcó un antes y un después en nuestras vidas, pero respondía a una época determinada y a una limitaciones, que ya no tienen razón de ser. Ha llegado el momento de abrir nuevos debates, acordes con las aspiraciones de quienes no vivieron en el franquismo y se han educado en valores de respeto y tolerancia. Es legítimo que pidan poder decidir quién ocupa la jefatura del Estado, que rechacen un sistema que les niega el derecho al trabajo y desconfíen de una justicia no siempre independiente. . 

Tengo la convicción de que estamos asistiendo a proceso de transformación, que no se hacia dónde nos llevará, pero al igual que el Vaticano ha tenido que pedir perdón por amparar la pederastia, la monarquía española, antes o después, se verá obligada a hacer lo mismo en relación con los crímenes cometidos en la dictadura; algo parecido pasará con quienes, como ha ocurrido en el caso Egunkaria, se han servido de la justicia para hacer política. También les llegará su turno a los partidos que han encontrado en la corrupción una fuente de financiación. La sociedad ha cambiado y con ella deben hacerlo las reglas de juego. La república y el socialismo son una opción legítima para dignificar la vida pública, ampliar la democracia y profundizar los derechos de ciudadanía.      

Javier Madrazo Lavín
Mayo 20101


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Quién soy

Nací en Riaño, Cantabria, el 12 de Agosto de 1960; cuando tenía un año de edad mis padres se trasladaron a Bilbao, y desde entonces vivo en el barrio de Rekalde. He sido parlamentario de Ezker Batua_Berdeak entre 1994 y 2001, y Consejero de Vivienda y Asuntos Sociales del Gobierno Vasco entre 2001 y 2009. Ahora, trabajo como Profesor de Filosofía, Ética y Ciudadanía en un Instituto de Bilbao.

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