Thomas Moro, teólogo, humanista y diplomático, publicó en el año 1516 la primera versión de la obra que más reconocimiento le ha generado. “Utopía” es un relato breve en el que un filósofo de origen portugués, Rafael Hytlodeo, narra sus aventuras descubriendo el nuevo mundo hasta que encuentra un “no lugar” en el que decide instalarse atraído por la bondad de sus habitantes, que conviven en una república ideal, en la que la política se somete a la moral y no existen ni la propiedad privada, ni el dinero. Sus moradores desconocen el significado de la codicia y la intolerancia, y reivindican la paz frente a la guerra.

“Utopía” constituye un alegato crítico contra las instituciones que ejercían el poder en Inglaterra en el siglo XVI, esto es la monarquía y el ejército, que, en palabras de Thomas Moro, parecían más interesadas en “conquistar nuevos territorios que en gobernar pacíficamente los que ya tenían”. Hablamos de un periodo a caballo entre la Edad Media y el Renacimiento, y un país supeditado a un rey, Enrique VIII, que ordenó el encarcelamiento de quien fuera su consejero cuando éste se negó a dar por bueno el matrimonio del monarca en segundas nupcias con Ana Bolena. Thomas Moro había desafiado a la corona y en 1535 murió decapitado.

No es mi intención aburrir a nadie con una clase de historia, por otra parte conocida, pero si quisiera aprovechar este artículo para reivindicar el valor de la utopía en la praxis política, máxime en un contexto en el que la crisis económica ha dado paso a una crisis social, de la que podemos salir reforzados o derrotados en función de las apuestas que hagamos. Es cierto que nuestro mundo no tiene nada que ver con las circunstancias ni el momento en los que Thomas Moro escribió el libro que sentó las bases del pensamiento político en la modernidad; sin embargo, quinientos años después la búsqueda de la utopía continúa siendo un reto para el ser humano. 

De hecho, este término, incorporado a todas las lenguas y culturas, define, a priori, un sueño irrealizable, pero posible a más largo plazo. El ideal utópico arranca con Platón, aunque el concepto como tal fuera popularizado por Thomas Moro. En “La República” el filósofo griego dibuja ya un modelo de organización social perfecto, que ofrecería estabilidad, seguridad y justicia, dando satisfacción a las necesidades de la ciudadanía. Las personas se sitúan en el epicentro de la actuación política, entendida como un instrumento al servicio del bien común, según describe Platón, y un elemento superador de las desigualdades, en el análisis de Thomas Moro.

No podemos obviar que ambos pensadores primaron el ideal utópico sobre la libertad y los sentimientos, pero aún así sus aportaciones, que deben ser interpretadas en coherencia con la época en la que fueron plasmadas, tienen todavía plena vigencia como argumentos para la reflexión. Sus postulados están en el origen del socialismo utópico que, a su vez, fue precursor del socialismo científico, representado por Marx y Engels. En realidad, y éste es, a mi juicio, el mensaje relevante, la evolución de la humanidad ha estado siempre vinculada, desde el origen de los tiempos, a la consecución de un entorno mejor.

Tanto el socialismo utópico, abanderado por Saint Simon y Robert Owen, como el socialismo científico, expuesto en el “Manifiesto Comunista”, surgen en el siglo XIX como respuesta a los abusos cometidos por la revolución industrial y el capitalismo. El primero aspiraba a desterrar el dinero y la explotación del proletariado a través de la convicción, mientras el segundo incorporaba conceptos como son la revolución y la lucha de clases. Dos visiones diferentes, sin duda alguna, pero con un nexo común, en la medida en que ambas parten del reconocimiento del capitalismo como un modelo insolidario.

Creo, y lo digo sinceramente, que tras décadas de pragmatismo, en aras a salvaguardar la socialdemocracia como garantía de profundización del estado del bienestar, la izquierda debe recuperar la tradición del pensamiento utópico y el idealismo político, adaptándola a la coyuntura actual. El pragmatismo siempre ha sido patrimonio de la derecha, que la izquierda ha hecho suyo cuando ha asumido tareas de gobierno. El PSOE es un buen ejemplo. Felipe González lideró la entrada de España en la OTAN, después de haber defendido justo lo contrario, y pasó página a la doctrina socialista con una frase célebre: “No importa que el gato sea blanco o negro, sino que cace ratones”.

Zapatero tiene una gran oportunidad para demostrar a la ciudadanía que hay una política económica de izquierdas -el socialismo- y otra de derechas -el capitalismo-. Hace dos años, en una conferencia organizada en Madrid sobre la crisis alimentaria, el presidente del Gobierno denunció el modelo de mercado, que calificó entonces como “neoconservador, sin límites y sin ética”. Cabe, por tanto, exigirle ahora coherencia y una negativa a seguir las directrices de la banca y la patronal. La reducción del déficit no puede hacerse sólo a costa de la calidad de vida de las personas, suficientemente deteriorada como consecuencia del desempleo y el recorte de las prestaciones sociales.

El PSOE está legitimado para asumir las recetas del Partido Popular e imponerlas a una población, previamente aleccionada sobre la conveniencia de adoptar medidas regresivas como única opción para evitar males mayores. Ahora bien, Zapatero debe saber que si emprende este viaje estará dando el triunfo en las próximas elecciones al Partido Popular. La alternativa está en la izquierda y es en esa dirección en la que el PSOE ha de mirar. La utopía es un horizonte que nunca se alcanza porque, como dice Eduardo Galeano, “sirve para caminar”, pero cuando su influencia se deja notar en las decisiones que se toman desde la política, éstas son siempre más sabias y más justas.  

Javier Madrazo Lavín. Mayo, 2010


3 Responses to “El valor de la “utopía””


  1. 1 RAKEL
    26/05/2010 en 10:10 pm

    Es muy facil sumarse al pragmatismo que practican todos los partidos políticos que con su hoja de ruta neoliberal, consideran que las decisiones que toman son las únicas que se pueden tomar; frente a ellos la utopía de un mundo más justo choca de bruces con la manera de hacer política de los partidos mayoritarios, es vergonzoso que el partido socialista diga que con el recorte de derechos de trabajadores y trabajadoras se pretende reducir el defificit público, desde luego es una decisión totalmente basada en el pragmatismo, pero a todas luces injusta, por lo tanto EB, no debe jamás ceder a lo politicamente correcto, sino a lo humanamente más justo. La lucha política debe continuar, mientra tengamos a personas que lo pasan mal por no tener cubiertas sus necesidades básicas, el pragmatismo es en muchas ocasiones una excusa del neoliberalismo para pactar y acordar con los más furtes, en detrimento de las personas más debiles, por eso sólo trabajando por la utopía podrá alcanzarse un mundo más justo.

  2. 2 maritesis
    14/11/2010 en 6:22 pm

    Hola, voy a tratar de plasmar una reflexión muy sintética: Hasta 1973 digamos que la socialdemocracia iba viento en popa. Llegó la primera crisis económica relacionada con el petróleo, es decir, lo que hasta ahora era barato comenzaba a ser caro para la sociedad industrial que se alimentaba de esa fuente de energía casi totalmente. Bien, había que encontrar la manera de equilibrar esa subida de precio. Fórmulas como deslocalizar las industrias, disminuir las coberturas a la población, y sobre todo eliminar en el curso de cincuenta o setenta años todo el entramado del Estado de Bienestar y apostar por el modelo neoliberal. Esto digamos que se firmó en los años setenta y como un impulso a modo de oleaje va avanzando hasta que pasados setenta años se haya conseguido el objetivo planificado en aquella fecha. Puede que haya voces que expresen que es una decisión equivocada y lo muestren con mil ejemplos, sin embargo la apuesta es esa y hasta que no se llegue al final del impulso no se parará. Se argumentará que todas las apuestas tienen sus aspectos negativos sin más. Luego cuando se alcance el límite se firmará otra línea que abrirá una nueva era. Ahora se vota a líderes socialistas esperando de ellos una política más social, solidaria, etc. salen elegidos y vienen bien a la política oculta firmada en los años setenta, nadie va a sospechar que un partido de izquierdas firme acuerdos en contra de los trabajadores, y de la población necesitada de solidaridad. Son la mejor opción para ir eliminando lo conseguido en el periodo posterior a la segunda guerra mundial. No se pase por alto que el adversario fue eliminado, el comunismo ha perdido en la lucha; ahora el único modelo es el neoliberal, el vencedor, el que se muestra con la razón, la única forma posible y viable de dirigir el mundo. Los chinos también se convencieron. Creo que la población tendrá que esperar al límite posible para una remodelación, para un nuevo modelo de vida humana. Pero no se apuren, ya está entre nosotros, ahora tiene que hacerse visible en el momento adecuado.

  3. 3 Fernando
    02/07/2011 en 7:37 am

    Artículo útil y clarificador. Me permito recordar la nueva publicación de Le Monde Diplomatique en español. Está en la web de ese periódico y se titula precisamente Utopías, algo necesario e (im)posible.


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Quién soy

Nací en Riaño, Cantabria, el 12 de Agosto de 1960; cuando tenía un año de edad mis padres se trasladaron a Bilbao, y desde entonces vivo en el barrio de Rekalde. He sido parlamentario de Ezker Batua_Berdeak entre 1994 y 2001, y Consejero de Vivienda y Asuntos Sociales del Gobierno Vasco entre 2001 y 2009. Ahora, trabajo como Profesor de Filosofía, Ética y Ciudadanía en un Instituto de Bilbao.

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