06
mar
10

Intoxicación política y judicial contra Venezuela

El juez de la Audiencia Nacional, Eloy Velasco, se ha convertido en el protagonista “estrella” de la semana, al acusar al Gobierno de Venezuela de colaborar con ETA y las FARC. En un auto de procesamiento contra presuntos responsables de ambas organizaciones, el magistrado, sin indicios ni pruebas sólidas, imputa al Ejecutivo de Chávez un papel activo en una supuesta confraternización entre ETA y las FARC para el adiestramiento de militantes, el intercambio de información y una hipotética colaboración en acciones futuras.

Mientras nadie me demuestre la veracidad de estas afirmaciones con datos reales y hechos constatados, sólo diré que la argumentación del juez Velasco me resulta tan inverosímil como las manifestaciones de José María Aznar, tras el 11M, en un intento baldío por convencernos de que ETA era la autora del atentado perpetrado Atocha. El auto del magistrado se basa en conjeturas y deducciones, sin soporte real, más allá de la documentación, no sabemos todavía si manipulada o no, que dicen se encontrada en el ordenador del miembro de las FARC, Raúl Reyes, asesinado en Ecuador. 

Lo cierto es que el juez Velasco ha demostrado, una vez más, que la justicia en el Estado español responde a intereses y convicciones políticas, que lastran su credibilidad y lesionan su independencia, tantas veces reivindicada y después siempre olvidada y relegada como si fuera un lastre en lugar de una exigencia democrática. No sé si Zapatero y  Moratinos han pedido información o explicaciones a Chávez por el auto del magistrado de la Audiencia Nacional, pero pienso que el presidente de Venezuela hace bien, en esta ocasión, mandándoles al carajo, aunque sólo sea por dignidad.   

No voy a defender a Chávez, porque se basta y se sobre él sólo para hacerlo, pero considero que ya está bien de atacar siempre a quienes representan en Latinoamérica modelos alternativos que, nos gusten o no, merecen el mismo respeto e incluso más que otros muchos que, siguiendo los dictados del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, han vendido a precio de saldo sus materas primas y han contribuido al enriquecimiento de grandes empresas extranjeras mientras su población era y es víctima del hambre, la enfermedad, el analfabetismo y la explotación.

El auto del juez Velasco tiene como hilo conductor a Arturo Cubillas, ex militante de ETA, que reside en Venezuela desde 1989, en virtud de un acuerdo alcanzado entre Carlos Andrés Pérez y Felipe González, tras las conversaciones fallidas de Argel. Por supuesto, el magistrado de la Audiencia Nacional no cita este dato, aunque si vierte opiniones tendenciosas e infundadas sobre el Gobierno venezolano  y su presidente. Lo decía esta misma semana, en relación con las declaraciones de Willy Toledo sobre la muerte del preso Ortega Zapata. Atacar a Cuba y Venezuela es políticamente correcto.

En cambio, nada se dice sobre la violación de los derechos humanos que practican día a día, por ejemplo, países como Israel o Marruecos. La población palestina y el pueblo saharaui pueden dar fe de lo que digo. He visitado Gaza y Cisjordania, y también los campamentos de refugiados de Tinduf.  Allí he podido comprobar in situ las atrocidades y los abusos que Israel y Marruecos cometen ante la indeferencia, cuando no lo hacen  amparándose en la complicidad, de quienes después, con hipocresía y cinismo, se llevan las manos a la cabeza al escuchar cualquier referencia a Cuba o Venezuela.

Pués bien, he conocido ambos lugares y en los dos he encontrado una mayor calidad de vida que en los países de su entorno. Tendrán mucho que mejorar y deberán decidir qué camino quieren tomar y cuál no, pero tengo la convicción de que quienes, como Estados Unidos o España, envían tropas a Afganistán, sabiendo que, aunque sea por error asesinan a la población civil, no tienen legitimidad para dar lecciones de democracia a nadie. Por cierto, el desempleo, la precariedad o el pensionazo también atentan contra la dignidad y derechos humanos como son el empleo o el bienestar.     

 

 

 

 


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Quién soy

Nací en Riaño, Cantabria, el 12 de Agosto de 1960; cuando tenía un año de edad mis padres se trasladaron a Bilbao, y desde entonces vivo en el barrio de Rekalde. He sido parlamentario de Ezker Batua_Berdeak entre 1994 y 2001, y Consejero de Vivienda y Asuntos Sociales del Gobierno Vasco entre 2001 y 2009. Ahora, trabajo como Profesor de Filosofía, Ética y Ciudadanía en un Instituto de Bilbao.

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